EL CORZO Y SU SANTA MADRE

Página dedicada al corzo, su vida y avatares. También a narrar las satisfacciones que nos reporta a los que disfrutamos con la gestión de sus poblaciones, contemplando sus espantadas por el monte, o intentando darle caza de vez en cuando.
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19 de junio de 2011

FINALMENTE ÁVILA

     Tenía que ser un día u otro y finalmente, tras veinticuatro años en esta provincia, he conseguido cazar mi primer corzo aquí. Tardó en llegar, pero se quedará en mis recuerdos para siempre. Al fin al cabo he conseguido cerrar el círculo, como ya decía en otra entrada de este blog sobre mis andanzas corceras.
    En efecto, desde 1987 hasta hoy ha pasado un largo periodo de tiempo, que he ido llenando con excursiones cinegético-corceras a otros lugares, como he ido refiriendo y continuaré haciendo. Mientras se han ido produciendo varios hechos muy significativos que citaré de corrido, por haber sido objeto de otras entradas del blog: Año 1990, en  el que soltamos el primer ejemplar de corzo en el Valle de Iruelas, año 1995, cuando hicimos lo mismo en El Colmenar, el año 199 , en el que se cazó el primer corzo en Iruelas y el año 2005, en el que comenzó a cazarse el corzo en El Colmenar. Finalmente, la generalización de los cotos con corzos en su plan técnico, lo que se ha acelerado desde, aproximadamente, el año 2005, como relataré en una próxima entrada.
     He tenido la suerte de poder ser testigo de primera mano de esa evolución de las poblaciones de corzo en Ávila y al final me ha llegado el turno. Así debía de ser y así fue, finalmente, esta mañana.
    A las cinco de la mañana salía hoy de casa con destino a la Sierra de Ávila, buscando una nueva zona de caza, por donde ya había pasado sin parar, ni ir expresamente a ella, varias veces en estos días, en donde tenía la completa seguridad de la existencia de corzos. Otra cosa distinta es su avistamiento y su rececho, como ahora comentaré, extremadamente dificultoso por la fragosidad del monte. Me refiero al cuartel denominado "Las Meneas".
     Dentro de Las Meneas hay una extensa zona de repoblación de pinos de diferentes edades, aunque los mayores no creo que tengan más allá de veinte años, a ambas márgenes del Arroyo de Cepalpino, que discurre de Este a Oeste. La zona está cerrada con alambre de espino, acotada al ganado y tendrá unas trescientas hectáreas de extensión. En la margen izquierda del arroyo se han ido haciendo tratamientos con la vegetación, por lo que presenta algunas claros, mientras que en la margen izquierda, al no haberse realizado esos trabajos, la abundancia de matorral entre los pinos hace tan difícil la progresión por la zona que es imposible el rececho, o al menos, el rececho silencioso. 
     He llegado antes de ser de día y ya se veía, pues sólo hace cuatro días que ha sido luna llena, por lo que ésta estaba muy alta. Tras cruzar la barrera he dejado el coche, intentando seguir el plan que ya tenía predeterminado, que pasaba por bajar hasta el cruce del arroyo con el camino y subir recechando todo el barranco, por la margen derecha, para ver los claros de la solana de mañana de la margen izquierda, hasta el cierre de alambre, unos dos kilómetros y medio más arriba. 
     Pero que he tenido que cambiar los planes nada más pisar el monte, pues es prácticamente imposible recechar por ese lado. Subiendo por la margen izquierda se rececha más o menos bien, pero la umbría, de mañana, que se va divisando está tan cerrada que no se ven sino un par de pequeñas praderas que rompen la continuidad de pinos y matorral. 
Al fondo la mata de pinos en la que se metió el corzo, desde el lugar del disparo
     Por lo tanto, me he ido asomando por donde podía, desde el tramo camino que discurre paralelo al arroyo, unos doscientos o trescientos metros, con la inmensa suerte de ver, a los pocos minutos, un corzo en la solana, en medio de un regajo. Como aún no se veía muy bien he tenido que esperar un poco hasta comprobar su trofeo, pues macho si que se veía que era.
     Estaba marcando en un espino cuando ha decidido meterse en la mata de pinos que tenía al lado. Eran las siete menos cuarto. Esperando a que volviese a salir al claro he estado más de una hora, pues presentía que, puesto que no me había ni barruntado, por estar a más de doscientos metros y cada uno a un lado del arroyo, que además, por llevar bastante agua, producía mucho ruido. Me he bajado lo que he podido por la ladera, pero no creo haberme distanciado más de cincuenta metros, pues iba haciendo demasiado ruido y he decidido colocarme en una terraza desde la que se veía la zona
     He esperado hasta que el sol ha dado al espino y a la pradera y en vista de que no había vuelto a salir me he ido subiendo hacia el camino para buscar el coche e irme a otro sitio, pues la mañana avanzaba rápidamente. Ya cerca del coche un último vistazo me descubre al animal cruzando la pradera en la que le descubrí, pero iba tranquilo, comisqueando aquí y allá.
     Vuelta a bajar al sitio de antes y rápidamente le enfilo y "clik", el rifle pica la bala, pero no sale. Cambio de bala, apunto de nuevo y el seguro puesto. A todo esto, el corzo había cruzado el regajo y se había vuelto a meter en otra pequeña mata de pinos. Le apunto, pero está de culo. Espero para ver si se cruza y al rato termina por cruzarse, al lado de un pino. 
    Ya sin pensarlo le disparo. Al tiro le veo como se vuelve saltando y le pierdo de vista. Cominezan los consabidos reproches que nos hacemos todos cuandpo fallamos. Pero mira por donde, esta vez los reproches han sido en vano. Distingo al corzo unos metros más abajo de donde le he disparado, sentado pero con la cabeza alta. Está claro que le he enganchado, posiblemente, pienso, en la panza.
    Como la experiencia te ayuda mucho en estos casos, recuerdo alguno que no he cobrado por meterme antes de tiempo a por él , o porque, malherido ha desaparecido y no lo hemos cobrado. Así que, decido volver a tirarle, con el riesgo de levantarle si no le doy, pero en donde está no me fio de poder llegar a él a tiempo, para que no se me levante. Arriesgo el tiro y oigo perfectamente el "zap", de la bala al tocar carne. 
     Efectivamente, el corzo salta y se  cae, cabecea un par de veces y le pierdo, porque la hierba está muy alta y no me permite verle ya muerto, supongo. Aún así, aguanto ahí otros veinte minutos, por si acaso. Son las ocho y cuarto, han transcurrido casi dos horas desde que le vi. 
     Vuelta al coche, colocación de las cosas y a cobrale. 
     Me bajo con el coche hasta el sitio en el que había pensado comenzar el rececho y desde allí, arroyo arriba, por la margen izquierda, subo hasta alcanzar el punto en el que sle disparé la primera vez y un poco más allá, encuentro al animalillo. 
     Le avío, etiqueto y a casa. 
     Me vuelvo por Menga, para ver a Pedro Menga y enseñarle el corzo. No necesito llegar. me lo encuentro por el camino y volvemos juntos.
     Tomamos un café, me entretengo y aún así, a las doce estoy ya en casa. En este apartado de la comodidad si que he ganado, no tengo que irme lejos de casa, disfruto más la caza, pues voy más veces y me busco yo la caza, lo que aún te llena más.
     ¿Ah, el trofeo!. No se me había olvidado, no. Bonito, seis puntas, completo, simétrico, muy perlado, pero corto, con sólo veintiún centímetros de longitud. Tengo algunos mejores, pero muchos más peores que éste. El corzo no es joven, se puede ver en las fotos y no creo que llegara a mucho más.
     En cualquier caso, para mí representa mucho más que un simple trofeo más del montón. Es mi primer corzo en Ávilña, tras tantos años y habiendo formado parte de la aventura que ha supuesto la expansión corcera en esta provincia.
     Seguro que la experiencia se repetirá, no lo dudo.
     Otras fotos las incluyo ahora.




    

29 de mayo de 2011

COMIENZA UNA NUEVA TEMPORADA

     Ha pasado casi un mes desde la última entrada y mi propósito inicial de escribir una vez a la semana, al menos, no ha podido cumplirse. Aunque para no escribir me ha ayudado una enorme tormenta, que me ha dejado colgado sin teléfono, ni internet claro, durante una semana, lo cierto es que lo que realmente ha impedido la continuidad que yo mismo me marqué, es el comienzo de mi temporada corcera en este mes de mayo.  
     Como ya comenté en otra entrada del blog, cuando ya no lo esperaba, recibí una llamada del Secretario del Asocio de Ávila preguntándome si me interesaban los corzos de la Sierra de Ávila. Quedamos para después de Semana Santa y así, a primeros de mayo, nos encaminamos Ambrosio y yo a las oficinas del Asocio donde realizamos el papeleo y nos dieron los precintos y la autorización de caza.
     Son dos corzos los que se pueden cazar, si bien uno será selectivo. En principio, a Ambrosio le he dejado el trofeo y yo me he quedado con el selectivo, pues yo dispondré de mucho más tiempo que él para buscar un corzo viejo o malo pero, lo más seguro, es que al final sea la suerte la que decida a que disparamos cada uno.
     El día en el que fuimos al Asocio dimos luego una vuelta por el coto, para que se fuese haciendo una idea del terreno que cazaremos, pero teníamos que volver temprano a Ávila y no vimos nada, excepto una jabalina con rayones, en unas praderas en Las Meneas, uno de los cuarteles de pastos del monte.
Panorámica del Pinar Viejo
     El cazadero es muy variado, pues el monte tiene casi siete mil hectáreas de superficie, de las que unas dos mil están repobladas, fundamentalmente con pino silvestre, o Valsaín, de edades muy variadas, pues las primeras datan de finales de los años cincuenta, estando realizándose las últimas ahora mismo. La vegetación que puebla el resto de la superficie es la típica de alta montaña de Gredos, matorrales de piornos y cambriones, enebro rastrero por doquier y grandes praderas en todas las zonas más llanas y las vaguadas. Estamos en alta montaña, pues la altitudes del monte van desde los 1.180 metros en su entrada llegando desde Sotalbo, hasta los 2.158 metros del Pico Zapatero, que puedo asegurar que ya se llamaba así antes, máxima altura de esta sierra.Todo el monte está en el término municipal de Sotalvo, extendiéndose desde el Puerto de Menga hasta el Puerto de Navalmoral, sobrepasando incluso éste último, llegando hasta lindar con el término de San Juan de la Nava. El camino que une ambos puertos, o camino principal del monte tiene más de veinticinco kilómetros.
Arroyo del Búho
     El monte creo que está dividido en siete cuarteles de pastos, que se abren a primeros de mayo, excepto el llamado Cuartel Libre, en el que el ganado puede estar todo el año. Este cuartel está  próximo a Sotalvo y deben ser sus vecinos los que tiene allí sus ganados. Cada cuartel está cerrado perimetralmente con alambre de espino, que impide el paso al ganado pero no a la fauna silvestre. Las repoblaciones están acotadas al ganado excepto el llamado Pinar Viejo, dentro del Cuartel Libre y que es la repoblación más antigua.
El Picuezo
     Después de dar unas pinceladas de como es el monte, tengo que decir que en lo que se refiere a los corzos, casi todo el mundo que anda por allí, ya sean agentes medioambientales o el guarda del Asocio, o personas que han ido a correr por él, ya andando o en bicicleta, hablan de ellos, pero los han visto pocas veces y casi siempre en el Pinar Viejo y aledaños, como el Río Picuezo. Del resto del monte, excepto Marcial, el guarda del Asocio, casi nadie me ha indicado haberlos visto alguna vez y éste último me ha hablado que en Las Meneas hay alguno y también por la entrada al monte viniendo desde Mironcillo, precisamente un paraje con una toponimia esclarecedora, Las Corzas.
    Pues bien, desde que nos dieron los precintos he ido yendo alguna tarde y varias mañanas a dar vueltas por el monte, intentando conocer mejor sus accesos y sus distintas zonas e ir fijando los corzos que voy observando, pues me he propuesto no disparar hasta que Ambrosio pueda venir a cazar.
Pico Zapatero
     Para evitar tentaciones, decidí no llevarme el rifle, pero ya al tercer día pensé que estos animalitos son tan esquivos y tan desconcertantes, que más valía llevarme el arma, no fuera a ver algún corzo bueno y luego me tirase de los pelos. Afortunadamente no se ha presentado la ocasión, aunque hoy ha estado cerca, pero he pensado en poner, al corzo visto esta mañana, un cartel que diga "Ambrosio" y esperar que venga a buscarle, si es que luego lo encontramos.
     He ido ya cuatro mañanas, estando allí al ser de día, y cuatro o cinco tardes, en las que, a pesar de quedarme hasta el anochecer, no he localizado nada, excepto dos animales, uno hembra y el otro no lo sé, pues no le vi ni el culo, corriendo entre el pinar. Las mañanas no han sido mucho más fructíferas, pero, al menos, lo que he visto lo ha sido tranquilamente, con el telescopio incluso, pudiendo contar hasta las puntas de la cuerna. A día de hoy he localizado tres machos, dos de ellos tirables, dos hembras y el que no he identificado. También me han ladrado otra tarde en una zona de pinar, pero no se qué o cuantos. La media no es ni de un corzo por día, pero bueno, ya iré conociendo mejor el monte.
Las Meneas
     Al haber entrado el ganado justo ahora en todos los cuarteles menos en el libre, habrán movido los corzos que hubiera y ahora es difícil ver algo, excepto en las zonas acotadas, las repoblaciones, que es donde estoy centrando mi búsqueda. Rastros si que encuentro en las zonas a las que estoy yendo.
      Al ir sabiendo la gente que ando buscando corzos, me van diciendo si ven alguno y en la última semana he ido con Pedro Pérez, mi amigo el celador, al que llamaré Pedro Menga, como le conoce todo el mundo por el servicio, a buscar una pareja que habían visto salir encima de la Fuente del Puerto de Menga. No los vimos, pero si vi unas zonas que yo no conocía que he visto que son ideales para los corzos, en donde ya vi rastros y dos machos distintos, uno pequeño, en dos días distintos. Con Pedro quiero quedar esta semana una tarde para que me enseñe la entrada a otra zona del monte en la que han visto, también hace unos días otra pareja.    
     En fin, poco a poco. la cosa es ir viendo y conociendo y cuando venga Ambrosio, que espero que sea esta semana, haremos los primeros recechos. Ya veremos como resultan.

26 de abril de 2011

LOS CORZOS SALMANTINOS

     En el año 2003 una feliz circunstancia hizo que, a partir de ese año y hasta el presente, aunque no todos los años, hayamos ido a cazar corzos al Suroeste de Salamanca, más concretamente en el entorno de Ciudad Rodrigo. Allí hemos encontrado nuevos amigos y descubierto una zona muy abundante en corzos, que puede llegar a deparar sorpresas tan especiales como el encuentro, tras cualquier mata, de un corzo negro.
     La cosa comenzó inesperadamente, lo que es una buena forma de comenzar, pues la sorpresa que te supone encontrar corzos sin haberlos buscado, si bien no es tan satisfactoria como cuando buscas, rebuscas y finalmente encuentras, se ve compensada por llegar a un sitio del todo nuevo y al que no te esperabas acudir.
     Así, en el mes de marzo de ese año recibí una llamada de Antonio Núñez que, habiendo aprobado la oposición de celador de medio ambiente, había sido destinado el año anterior a la Reserva Regional de Las Batuecas, en Salamanca. Su cuartel de caza era Monsagro y allí había conocido y trabado amistad con un joven de ese pueblo, excepcional aficionado a la caza, especialmente del jabalí, de nombre Iñaqui.
     Iñaqui, que, con su mujer Mari Jose, regenta un pequeño hotel rural en esa localidad, le habló a Antonio de la posibilidad de vender un par de corzos de un pueblo vecino, preguntándole si conocía alguien que pudiera estar interesado.
      Antonio se acordó de mí y me llamó. Ahí empezó nuestra etapa salmantina. Digo nuestra etapa pues, desde el primer momento ya conté con Ambrosio para hacer el viaje juntos, aunque en ese primer año, como casi siempre, el acabó pronto y yo estuve yendo varias veces hasta que tuve la suerte de abatir mi primer corzo en esa zona.
     Aparecimos por Monsagro a mediados de abril, alojándonos en casa de Iñaqui. Desde allí salíamos a cazar a Guadapero, anejo de Serradilla del Arroyo, en donde teníamos los dos permisos. La distancia no era mucha. El terreno era parecido al de los Montes de Toledo, con sierras alineadas de Este a Oeste, repobladas con pinos excepto en las zonas de pedrizas, tan abundantes como en nuestra tierra. Las zonas no repobladas estaban pobladas por encinas en forma de monte bajo en las solanas y abundante matorral de brezo en las unbrías y entre las repoblaciones más jóvenes.
Ambrosio y su primer corzo de Salamanca, conmigo.
     La primera mañana ya cazó Ambrosio su corzo, cuya foto es la primera que aparece en este relato. Un corzo bonito. Yo después estuve yendo varias veces hasta que cacé mi corzo,  lo que hice el 18 de julio, pero del que no conservo foto pues lo cobró Iñaqui a los dos o tres días.
     Los hechos ocurrieron de la siguiente manera:
 Después de varios viajes a Monsagro no conseguía tener un corzo representativo a tiro, a pesar de que cada vez me conformaba con menos, como suelo ocurrir en estos casos. Ese día ya volvíamos a casa de la salida matinal cuando vimos dos corzos en unas terrazas a media ladera en uno de los cerros. Echamos los prismáticos y vemos que es un corzo muy aceptable, máxime a esas alturas de la temporada, que ya casi me anunciaba que tendría que volver para el otoño.
     El caso es que nos pareció aceptable y hacia él nos dirigimos, tras dejar el coche en un bajo, llegando a unos doscientos metros de la pareja. No podíamos avanzar más y para más complicación los corzos se espantaron subiendo más por la ladera. Les silbamos y se pararon a no menos de trescientos metros, según Iñaqui, que llevaba mi telémetro, pues yo bastante hacía con intentar no perderlos por el visor, apoyando el rifle en el trípode. Al pararse cruzados Iñaqui me animó a tirar y allí fue la bala, sintiendo claramente el golpe en la carne, pues la distancia a la que estaban permitía oirlo tras el estampido.
     Enganchado estaba, aunque no sabíamos donde y para que nos reafirmáramos en ello, el corzo comenzó a descender cortando las terrazas, parándose a unos doscientos metros, mientras que la corza había seguido huyendo hacia arriba. Se paró el corzo en una terraza, pero no le veíamos desde abajo, por lo que, en contra de lo que indican las más elementales normas cinegéticas cuando se deja herido a un animal, en lugar de esperar fumando un cigarro, pues entonces yo aún fumaba, pensamos que lo mejor sería ir a buscar al corzo, pensando en que su herida sería mayor de lo que luego resultaría.
     El segundo error fue que Iñaqui subió y yo me quedé esperando, para poder dirigirle hacia el sitio en donde le vimos la última vez. Y todavía quedaba un tercer error, más craso aún. Iñaqui se fue sin arma, pensando en que si se movía yo le vería y podría dispararle, pues seguro que correría hacia abajo, como así ocurrió.
     El corzo dejó llegar a Iñaqui hasta menos de cinco metros. Temblaba y seguro que si le hubiésemos dejado echarse, le hubiéramos cobrado, pero... El caso es que no pudo echarle mano, corrió hacia abajo y yo no le vi. Luego comprobamos que el matorrral y los pinos eran más altos de lo que pensábamos en en el sopié del cerro, por donde, lógicamnte, huyó.
     Fuimos a Monsagro a por Charly, el perro de rastro de Iñaqui y volvimos a la zona. Charly cogió el rastro y salió una terraza hacia delante, a no más de cincuenta metros de donde yo había estado puesto esperando su bajada y continuó por ella hasta llegar a una de las alambreras que delimitaban las propiedades, a unos quinientos metros de donde estábamos. Viendo que el rastro se alejaba y que no estaba claro que lo pudiésemos cobrar, pues habían encontrado una cama con bastante sangre, lo que indicaba que estaba bien tocado, decidimos, ahora si, dejar la búsqueda hasta que el animal se enfriase.
     Como yo me tenía que volver, pues creo que tenía guardia de incendios al día siguiente, Iñaqui se quedó encargado de intentar el cobro. Pasaron dos o tres días y finalmente, Iñaqui me llamó comunicándome que había encontrado el corzo, por el olor y los buitres y sólo a unos veinte o trienta metros de donde dejaron el rastro en la alambrera. Estaba metido contra un brezo y según olía debía de llevar muerto casi desde el día del disparo, aunque en pleno mes de julio poco tiempo necesita la carne para corromperse. En fin, nos quedamos sin carne por no seguir las reglas y el pobre Iñaqui tuvo que cortarle la cabeza casi con mascarilla.
Ambrosio con Iñaqui y su  corzo 
     Al año siguiente volvimos a Guadapero y de nuevo Ambrosio cazó el primero, un buen corzo para la zona, al que yo no quise tirar la tarde anterior, por no cazar el primer día y acabar tan pronto la temporada. A los dos días cacé yo mi corzo, pequeño aunque con seis puntas, que me proporcionó un bonito lance y al que tiré por ese motivo, reconociendo que me pareció mayor de lo que realmente fue luego, pero eso ocurre a menudo con los corzos, especialmente si los ves de frente o por detrás. Localicé por sus ladridos a dos corzos que se perseguían por el borde de un pinar,como si estuvieran en celo, a pesar de ser el día 18 de abril. Al final pude fijar al mayor y le disparé, muy lejos, al borde del pinar en el que se iba a meter.
Con Iñaqui y Ambrosio y mi primer corzo de 2004
    Tuve suerte ese año pues al final acabé cazando un corzo de Ambrosio, a finales del mes de julio, pues se había quedado con dos precintos más y sólo pudo cazar uno. Yo me lo encontré, pues antes que perderlo me invitó a ir con él y el primero que cazase ponía el precinto. Cacé un corzo, también pequeño, del que tampoco conservo foto, no se el porqué.
     Pero quien si pudo rizar el rizo fue Ambrosio, pues tuvo la suerte de ver un corzo negro, bien es verdad que lejos, según Iñaqui, que iba con él  y aunque le disparó, por más que buscamos luego, no encontramos rastro alguno. No era grande, como no lo es ningún corzo melánico, pero hubiese sido un exito total. Después no hemos vuelto a ver ninguno más en nuestras excursiones por la zona.
     Volvimos a Monsagro en 2005. Esa vez no conseguimos los precintos de Guadapero, pero Iñaqui disponía de uno de su coto de Porteros y allí fuimos. Tuve mucha suerte y el corzo fue para mí. El 16 de julio Iñaqui me dejó puesto al lado de unos huertos y él se fue con Ambrosio a recechar por otra zona del coto. 
Iñaqui y Ambrosio con mi corzo de Porteros.
     Después de esperar bastante y de que me entrara un furtivo, pues eso era una persona que me cruzó a unos 100 metros con la escopeta en la mano, sin cortase para nada, oí ladrar un corzo en la ladera que tenía a mi espalda, en donde había un cercado con una repoblación de pinos. Me volví y vi un corzo que entraba por debajo de la alambrera a la repoblación, parándose entre las terrazas. A pesar de la distancia, habiéndo ya terminado la mañana, decidí dispararle y volví a oir el flop de la bala al alcanzar el cuerpo del animal. Cuando subí a buscarle ya estaba muerto. 
     En 2006, de nuevo sin precintos de Guadapero, que ya no hemos vuelto a tener, Iñaqui consiguió tres de El Cabaco, ya más alejado de su casa y en el que no conseguimos abatir ningún corzo, a pesar de haber ido en dos o tres ocasiones. También intentamos el corzo de Porteros y Juan Carlos, que se vino con nosotros un fin de semana, llegó a disparar a uno, pero en malas condiciones y no se hizo con él. 
     Al año siguiente fuimos a Robleda, también en la zona de Ciudad Rodrigo, por un contacto de Ambrosio. Sólo estuvimos un fin de semana, viniéndose con nosotros Jose. Tampoco vimos nada ninguno de los tres y yo no volví. Ambrosio aún fue un par de veces, pero volvió "bolo" también. 
     Hemos seguido manteniendo la conexión con Iñaqui, que ha venido un par de veces a cazar con nosotros a Piedrescrita y hemos vuelto en 2009 a cazar con él. esta vez Ambrosio se había quedado en subasta con el coto Cabezagorda, en Serradilla del Arroyo que, además de tres monterías, disponía de cinco precintos de corzo. Pero claro, una cosa son los precintos y otra los corzos y apesar de que en el mes de febrero anterior, en el que fuimosa conocer el coto, vimos varios corzos y corzas, lo que nos hacía prever que no sería muy diufícil su caza, a la hora de la verdad, la cosa estuvo tan cruda que en un fin de semana, con cuatro personas recechando, Jose, Ambrosio, Juan Carlos y yo, no conseguimos ni un sólo corzo. Esto decidió a Ambrosio a dejar el coto, cosa que hizo antes de acabar la temporada del corzo. 
Iñaqui con el corzo de Cabezagorda
     Yo tuve mucha suerte, pues ya había cazado mi corzo al comienzo de la temporada, el 14 de abril, con un tiro lejano y con mucha suerte, pues le di en el cuello. 
     En este coto tenía Iñaqui localizado un corzo negro, en la zona en la que yo cacé el corzo, llamada Los Valles, pero no fuimos capaces de dar con él.
     No hemos vuelto por Monsagro el pasado año y este supongo que tampoco, pues Iñaqui no ha conseguido precintos con garantías. Habrá que esperar a que se produzca la sorpresa, como ocurrió con la primera vez en la que fuimos para allá.

18 de abril de 2011

¡YA TENEMOS EL CORZO ANUAL!

     Para ser más exacto, ya tenemos apalabrado el precinto para el corzo anual, que no el corzo. Así es, después de muchas idas y venidas, llamadas, parlamentos y pequeñas frustraciones, parece ser que, por fin, tendremos corzo. Y digo tendremos porque he apalabrado dos, todos los que vendían, uno para mí y el otro para Ambrosio, al que ya para comentárselo y me dijo estar de acuerdo.
     Ya he comentado en un relato anterior la búsqueda de este año, tanto por Josito como por mí, por Internet o a través de terceras personas. Pues bien, al final, sin esperarlo ya, uno de los muchos contactos se ha hecho realidad. 
     A mediodía me llaman por teléfono. Es David, el Secretario del Asocio, al que llamé hace un mes, más o menos, preguntándole por los corzos de la Sierra de Ávila, pues me habían dicho que ya les autorizaban la caza de un par de ellos, o tres, en esta temporada. Me confirmó esa noticia, pero, además, me dijo que ya habían tenido un precinto el año pasado, pero que no lo habían vendido ni, por tanto, cazado. 
     No era mala noticia, hasta que llegamos al precio, que yo pensé que era uno y resultó ser unos trescientos euros más caro de lo que yo esperaba, incluyendo el IVA. Ante ese precio, un 40% más caro de lo esperado, sólo pude decirle que no me interesaba tan caro. No necesitaba consultar con Ambrosio, aunque después si se lo dije, pues el precio era mayor que el que pagamos en Soria el año pasado y aunque para mí, la cercanía del coto compensaba el mayor precio, para él, aunque venir hasta Ávila le lleve menos tiempo, realmente le compensa poco. Así se quedó.
      Seguimos buscando corzos en Las Navas del Marqués, como ya comenté, en donde Josito se quedó con uno, en Segovia en tres cotos distintos, del que aún espero la respuesta de uno de ellos. Espero que esa respuesta sea positiva, a pesar de ya tener un corzo, pues me interesa entrar ahí, para tenerlo asegurado en próximos años, a un precio aceptable, similar al de la Sierra de Ávila, en donde, por el contrario, no puedo afirmar que otro año pueda tenerlo.
     Tito, del que hablaré otro día, también nos estuvo localizando algún corzo en Zamora, pero no cuajó y nos advirtió a tiempo de un coto de Toledo que salía a subasta y al que pensábamos concursar.     Hemos llegado a ir hasta Navafría, en donde subarrendaban una parte del coto con cuatro precintos de corzo, por una cantidad desorbitada. Aún así fuimos, pues Josito quería conocer al que vendía para intentar entrar de socio con él. Pero no se presentó, sino que mandó un representante y no podía haber trato respecto del trozo de coto que vendía, por la cantidad que pedía pues, a pesar de que justificaba el precio en la posibilidad de dar hasta tres monterías o seis ganchos, un simple paseo en coche por las pistas del monte nos permitió ver que este pinar ordenado desde hace más de un siglo, precisamente por esa modélica ordenación, alberga pocos sitios de encame para los jabalíes, por lo que esas batidas se podrían dar entre amigos, pero no comercialmente, para que ayudasen algo a bajar el precio de los corzos. Sin esa ayuda, los corzos costaban más de tres mil euros por cabeza. No hubo trato.
    Afortunadamente no hubo trato, pues aunque yo ya dije que no entraba en ese precio si que les aseguré a mis compañeros que corzos había muchos. Les hubiera engañado. El pasado lunes me reuní en Segovia con mis compañeros de la Comisión de Homologación de Trofeos de Castilla y León, de la que soy vocal y comenté el asunto con mi amigo Pedro Ramos, vocal por Segovia y que tuvo Navafría durante muchos años, pero ya hace bastantes también. Me contestó que había hecho bien pues había bajado mucho la población de corzos en la sierra, a la vez que había ido aumentando en el pie de monte y en la llanura segoviana.
     Yo había conocido esa zona hacía ya más de diez años y como no había vuelto más pues pensaba que seguía igual. Menos mal que nos pidieron mucho dinero y no entraron ellos, si no, se hubiesen estado acordando de mi toda la temporada.
     Después hemos estado en contacto con la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia, que posee varios cotos en la sierra de Segovia y el mayor de ellos en Peguerinos, Avila. Estamos pensando si asistir a un concurso de un pequeño coto, a caballo entre Valsaín y El Espinar, pero tras las noticias de Pedro Ramos, no sabemos que hacer. En cualquier caso es caro y esperaremos a ver que pasa.    
     Seguramente me dejo algunos contactos más buscando corzos, pero estábamos con David. Como hablo con él habitualmente, pensé que se trataba de algún asunto de trabajo. Pero, que va, eran los corzos. Me preguntó si seguía interesado en un corzo en la Sierra de Ávila. Le contesté que al precio que me pidió no y me respondió que al precio tasado en el pliego de condiciones más el IVA, a lo que, sin pensarlo le dije que no uno, sino los tres, contando con Josito, sin haber contado con él previamente, pero me respondió que tenían dos y una corza, por lo que le apalabré los dos.
     Hemos quedado después de Semana Santa para los precintos, el papeleo y el pago de los mismos. Espero que no haya ninguna pega hasta ese día. Ya lo veremos.
     La  verdad es que estoy ilusionado, como sólo lo puede estar un corcero, con la posibilidad de poder cazar mi primer corzo en Ávila, tras más de veinte años aquí y con todos los avatares que hemos pasado hasta ver que ya empieza a ser un animal habitual por estas sierras. Digo hemos pasado, pues en esa aventura tuve a mi lado a buenos compañeros de viaje, agentes, celadores y técnicos de Medio Ambiente en Ávila y amigos en otras provincias.
     Aunque posiblemente la zona de caza se haya poblado por la expansión natural que el corzo viene experimentando desde hace unos quince años por el Valle Amblés, desde Segovia y Peguerinos, también creo que las repoblaciones que hicimos en el Valle de Iruelas y sobretodo, en el Puerto del Pico, han contribuido a que el corzo llegue aquí. Esta circunstancia tiene para mí un morbo especial, pues digamos que, si consigo cazar uno, cierro el círculo, algo que no conseguí en el Valle de Iruelas, en donde pagué un precinto hace años y me quedé con él, pues no conseguí disparar sobre corzo alguno. Cierro el círculo desde la repoblación de unas sierras vírgenes de caza mayor, excepto algún jabalí que, con los años y esfuerzos de mucha gente implicada en el proyecto, pasan a albergar poblaciones de corzo, terminando la historia con la consecución de un trofeo, fin último, que no exclusivo, de aquéllas repoblaciones. A ese morbo habría que añadir la satisfacción íntima de conseguir el primer corzo del coto.
     La zona la conozco, pero dudo que alguien sepa que densidad de corzos hay, aunque nunca se haya cazado. Tampoco sabemos como serán, por lo que habrá que echarle algunas madrugadas y trasnochones para ir localizando los animales y decidir, sin prisa, que animal tirar, si fuese posible hacerlo y acordarnos, con toda seguridad, del título que le puse a este blog que recoge mis vivencias corceras.
     A esperar el desarrollo de los acontecimientos. Espero poder contar aquí la caza de mi primer corzo en Ávila.

10 de abril de 2011

MI PENÚLTIMO FALLO

     Esta entrada no tendrá fotos, a no ser que sean de paisajes o amigos, pues lo que se dice de trofeos, no encontraremos ninguna. Así será porque lo que hoy relataré son mis fallos, en una relación que no pretende ser exhaustiva, pero que me ayudará a recordar aquellos lances que mi memoria, tan selectiva con los malos recuerdos, habrá pretendido olvidar y quizá ya haya olvidado.
     Mi último fallo aún lo recuerdo. Fue el pasado verano. Volví a Soria tras más de veinte años buscando un buen corzo, como los que allí existen. Conseguí dos permisos en Las Aldehuelas, uno para mí y el otro para Ambrosio. la zona de caza está tras pasar el Puerto de Oncala, en un valle que se abre hacia el Noroeste, flanqueado por decenas de aerogeneradores, en las cuerdas de las dos cordilleras que le delimitan.
     El coto, de unas 5.000 Hectáreas, según me dijeron, está en plenas tierras altas de Soria, con grandes extensiones de praderas en las que pastaban miles de ovejas y algunos corzos. Repartidos por el valle se van repartiendo pequeños bosquetes de rebollos, acebos y pinos silvestres, bien monoespecíficos, bien mezclados. Es una zona muy bonita, pues permite ver muy lejos, al ser tan abierta, aunque luego pueda ser difícil llegar a distancia de tiro de los animales.
     En fin, que llegamos un día de finales de julio del pasado año a Garray y tras recoger los precintos y conocer a Juanma, vecino de Las Aldehuelas, perrero y representante del coto, que nos enseñaría sus lindes, partimos hacia el mismo. Hacía mucho viento y no vimos nada. Al día siguiente por la mañana tampoco vimos nada y por la tarde vino a acompañarnos, además de Juanma, Tomás, la persona que nos había vendido los precintos. 
    Yo me fui con Tomás y Ambrosio con Juanma. Alcanzamos con su coche el final del coto, en donde, según me dijo, había visto un buen corzo días antes. Aparcamos en la base de uno de los molinos y sacamos el telescopio, que él llevaba, comenzando a registrar la ladera de enfrente, hacia abajo y todo lo que alcanzaba nuestra vista. Con los prismáticos descubrí un animal, bastante lejos, que andaba triscando entre un bosquete claro de pinos jóvenes. Al echarle el telescopio comprobé que era muy bueno. Se lo marqué a Tomás y me dijo que era el que ya conocía. 
     Salimos rápidamente a su encuentro. Primero fuimos con el coche hasta su altura, aunque por encima de él y después iniciamos el rececho hacia donde suponíamos que iría en su deambular. Al rato de andar y no verle, pudimos localizarle delante nuestro a unos ciento cincuenta metros, entre los pinos. El aire nos daba en la cara por lo que ya sólo nos quedaba esperar a que se pusiera a tiro.
     Yo no me suelo poner nervioso y ahora tampoco lo estaba pero, es cierto, que es una de las veces en las que más tiempo he estado observando a un corzo, esperando a dispararle, con el agravante de que, cada vez, se nos aproximaba más. Le tuve apuntado a unos cien metros, pero como el corzo parecía tranquilo y venía hacia nosotros, decidí esperar. El aire venía firme pero, por alguna razón, el corzo nos barruntó y despistado primero, vino hacia nosotros y luego, ya claramente buscándonos y ladrando, comenzó a rodearnos y a a unos cincuenta metros, al asomar andando detrás de un pino, decidí tirarle. Yo creo que le vi tan muerto, que lo fallé limpiamente. 
     Tomás no daba crédito a lo que había pasado y yo, mejor ni contarlo. Era el mejor corzo al que había disparado nunca. Tomás me dijo que, al menos, tendría 140 puntos. ¡Que se le va a hacer!. Como penitencia me tocó volver a Soria dos veces más, yo solo y al final, irme bolo. 
     Fue un 26 de julio vde 2010. Pues bien, si este ha sido el último fallo, ahora intentaré recordar el primero. Al primer corzo que disparé le di. Fue el que cacé en Sevilleja y que ya relaté. El segundo también cayó, fue el de Soria de 1987. Pero, a partir de ahí comenzarían los fallos. 
      Al tercer corzo lo tiré en Inglaterra, fallándolo. No parecía malo. Luego cacé dos pequeños. Ese mismo año, 1991, fallé otro buen corzo en Burbia, en los Ancares Leoneses. Durante tres años estuve de socio en Arroyos, en Los Yébenes. Allí fallé otro par de corzos, bien es verdad que no eran grandes, porque al mayor que vi, ese sí bueno, no pude dispararle. En los Ancares fallé otro corzo en 1997, aunque, en honor a la verdad, estaba demasiado lejos. 
     En Segovia he fallado otro par de corzos, por los imponderables de la caza. El primero por tener puesto el seguro y no quitarle. Al dar el cerrojazo, el corzo salió de estampida y le largué una bala que no tuvo otra consecuencia que retumbar por aquellos barrancos. Tres años después, en 1998, fallé otro corzo, este si, bueno, sin saber el porqué, pues estaba tranquilo, cruzado y muy cerca. Días después, al limpiar el rifle, pude ver que se había roto la fijación del visor, aunque no se había desprendido ni se notaba, pero se movía al disparo.
     Después he fallado corzos en El Emperador, Vallesú y Guadapero, cuando iniciamos nuestra etapa salmantina, que ya relataré y finalmente en Soria, como he contado. Es posible que me haya dejado alguno que ahora no recuerdo, pero, en cualquier caso, los que he relatado suponen el treinta por ciento de los corzos a los que he disparado, que no es poco, cuando casi siempre estamos disparando a parado, aunque, a veces, demasiado lejos.
     Espero poder seguir fallando corzos muchos años todavía.

3 de abril de 2011

MIS COMPAÑEROS DE FATIGAS 2. JOSITO

     Continuo hoy con la presentación de otro de mis compañeros de fatigas, en pos de nuestro querido fantasma. Llega Josito.
     José López, Josito para algunos, aunque no para mí, que siempre le llamo Jose, pero al que, en estos relatos, he optado por citarle con el apelativo por el que le llamaban sus compañeros de caza, de Piedralaves y Casavieja, cuando yo le conocí. 
    Así le distingo de mi amigo José Lara, también compañero tras los corzos y al que siempre llamé Jose y ahora aun sigo haciéndolo. Así pues, como llegó mucho antes a mi vida que a mi posterior vida corcera, en la que conocí a Josito, siempre que hable de él le diré sólo Jose, mientras que mi amigo al que dedico este relato será siempre Josito.
     Pues bien, conocí a Josito a finales de los noventa, aunque no puedo precisar en que año, pero supongo que hacia 1998, o por ahí, pues, ya en 2000, cazábamos juntos en un coto de caza menor de Toledo al que él me llevó, Los Chorrancos, en Pelahustán. Nunca lo hemos hablado, pero yo creo que ya nos habíamos visto varias veces en esa década en algunas de las monterías sociales que daba la Real Asociación de Cazadores y Pescadores de Madrid, de la que ambos éramos socios, en fincas de los Montes de Toledo.
      Desde el año 1996, tras la creación del Coto Regional de Orzaduero y Colmenar, en Ávila, la Real accedió a algunas batidas de las sorteadas y ahí Josito se hizo asiduo y comenzamos a tratarnos. 
En 2002 con un corzo en Vallesú
    Tras Los Chorrancos pasé con él, junto con un grupo de cazadores del Tiétar, compañeros suyos, a Vallesú, en Robledo del Mazo, que es cuando ya iniciamos nuestro recorrido corcero juntos.
    Estuvimos tres temporadas en Vallesú y en el año 1995 formamos el Club Cinegético de Gredos, junto con parte de los socios de Vallesú y alguno más, como Ambrosio. Con este club concursamos al coto El Pinar, también de Robledo del Mazo, teniendo la suerte, o eso creíamos entonces, de que nos fuera adjudicado. 
    En El Pinar hemos convivido durante cinco años, contándonos nuestros lances, unas veces afortunados y otras descorazonadores, como el día en el que Josito, tras dos o tres años de localizar un gran venado en una zona áspera e intransitable, como sólo pueden serlo las solanas de los Montes de Toledo, le falló a corta distancia y parado en medio de una pedriza. Su frustración no soy capaz de reflejarla por escrito. Era un día de berrea de los que se dicen "de perros", por las condiciones de lluvia y frío que pasamos.
En 2004 de berrea en el Valle de Iruelas
     Continuamos con los corzos, que es el hilo argumental de este diario cinegético y en esa caza Josito es un experto. Como se cuida mucho y hace deporte, es capaz de subir, bajar, volver a subir, o desandar el camino, tantas veces como sea necesario y se pasa horas y horas en el monte buscando los rastros y a los corzos.
     Como su oficio principal, que no el único, le deja libre casi toda la temporada de primavera del corzo, su proceder para su caza se basa en ir todas las semanas al monte, por lo menos un día, para ir controlando los corzos, sus querencias y sus trofeos.
     Josito es selectivo, muy selectivo. De los cazadores que he conocido es sin duda el que más, tanto con los corzos como con los venados. Siempre terminaba cazando los mejores venados, o de los mejores, al final de la berrea, tras haber visto muchos y no haber disparado hasta encontrar uno digno de su disparo.
     Con los corzos era aún más exigente, si cabe, pues se pasaba la temporada viendo corzos y hasta finales de junio o primeros de julio no cazaba su corzo anual, que era el cupo que teníamos en El Pinar. Así pasaba. Quitando dos corzos excepcionales para la zona, cazados por otro de los socios, seguramente por casualidad o, lo que es peor, por un procedimiento de caza no demasiado legal, sus corzos siempre fueron los mayores.
En la Solana de El Pinar, arreglando una fuente
      A los amigos siempre nos ha dicho donde podíamos encontrar un corzo de los vistos por él, pero que para él no eran suficientemente buenos. Te decía en donde había un corzo completo, pero fino, o con luchaderas cortas, o demasiado junto o con cualquier otro defecto para él, por lo que no pensaba ir a cazarlo. Otra cosa era que fuésemos y les viésemos nosotros, pero, por lo menos, te lo había dicho.
    Tras El Pinar el ha continuado un año más con el Club, pues yo lo dejé al no poder soportar económicamente el precio de un nuevo coto al que licitamos, esta vez en Los Navalucillos y que también conseguimos que nos adjudicaran. Ha sido esta temporada pasada en la que no hemos tenido un coto juntos, pues si hemos cazado algún día. Estuve con él en Los Navalucillos un día de la berrea pasada, en donde cacé un venado y en su coto de Pelahustán varias veces, esperando a los jabalíes, aunque sin éxito todavía.
En Los Navalucillos con mi venado. Berrea 2010
     Acaba de abandonar el Club él también, pues parece ser que, aunque tiene muchos venados y ciervas, o quizá por eso, el nuevo coto lo que tiene son pocos corzos y los pocos que hay son pequeños, pues no les dan respiro y no crecen en edad y por lo tanto, en trofeo.
Por ello, no disparó en la pasada temporada sobre ninguno y no quiere volver a repetir la experiencia, máxime cuando el coste del coto es disparatado.
     Menos mal que en el coto de su pueblo, Piedralaves, se caza ya el corzo, que proviene de las repoblaciones realizadas a principio de los noventa en el Valle de Iruelas, que ya relaté en pasadas entradas de este diario y tuvo la suerte de que le tocara uno de los que tienen en el Plan Técnico, cazando un corzo bonito, que seguramente no será ya medalla, por la subida de las puntuaciones mínimas, pero que para él tiene que tener un sabor especial, pues es el primero que se ha cazado, legalmente al menos, en su pueblo, siendo él su cazador.
    Esta temporada, que acaba de comenzar el día 1 de abril, Josito no las tenía todas consigo a la hora de poder cazar un corzo, al no disponer ya un coto que los tenga y sin poder acceder a los de su pueblo, pues ha de esperar bastantes años hasta que le vuelva a llegar el turno, por lo que se ha dedicado a buscar corzos por Internet y ya consiguió uno, el de Las Navas del Marqués, que ya relaté y que aún no hemos ido a cazar.
     Seguimos buscando cotos por Segovia y estamos ala espera de un para de ellos, para ir a verlos y decidir luego si interesa el precio que piden. Ya veremos que nos ofrecen.
     En fin, concluyendo esta entrada, espero seguir cazando mucho tiempo con Josito, pues es de esas personas de las que encuentras pocas en la caza, nada ambicioso en cuanto al número de piezas o al cazador que las consiga, siempre que éste sea su amigo.     

27 de marzo de 2011

MI PRIMER TROFEO

      Ya conté en un relato anterior cuando cacé mi primer corzo. Tras ese día de 1984, que nunca se me olvidará, ni en sus detalles más nimios, aunque hubo algún intento de cazar un corzo, lo cierto es que tuve que conformarme con seguirlos por los Montes de Toledo para intentar hacerles alguna foto o, simplemente verlos, lo que conseguí ya bastantes veces en Montes de Mora a lo largo de esos años.
     Recuerdo especialmente un corzo que si le íbamos a buscar, siempre veíamos. Digo veíamos, pues era preciso moverle para verle y por ello, teníamos que ir dos. Se encamaba en la cabecera del Barranco de Gil-García y la forma más fácil de llegar hasta sus inmediaciones era dando la vuelta con el coche por la raya de El Manojar y al llegar a la linde de El Gavilán, dejando el coche, bajar andando hasta el tiradero de Gil-García. 
      Allí se quedaba el que quería ver el corzo y el otro se metía por el monte hasta alcanzar unas grandes madroñeras llenas de encames, tanto de ciervas como de este corzo, desde donde se levantaba ladrando, con un ronquido grave que seguía lanzando a los cuatro vientos hasta que se perdía hacia el Cerro Pérez. Se le veía ya mayor y su trofeo no era bueno, aunque si era completo, pues tenía sus seis puntas.
      El que ojeaba a veces tenía suerte y le veía, pero el que si le veía bien, era el que se quedaba apostado en el tiradero. Solíamos subir Ambrosio y yo, o yo con algún otro. Recuerdo, como si fuera hoy, que fue lo último que hice, a finales de septiembre de 1986, antes de volver a Madrid para examinarme del examen con el que terminaría  mi oposición. Quería llevarme un buen recuerdo para los días que me esperaban.
     Pues aprobé y me tocó viajar a Castilla y León y aunque vine a una provincia en la que el corzo, por aquel entonces, sólo estaba presente en la zona de Peguerinos, mis amigos tuvieron mejor suerte, corcera se entiende y fueron a provincias con gran tradición de corzos, especialmente Jose, Lara, que fue a Soria.
     Habíamos enviado ese año nuestra solicitud, como en los años anteriores, a los sorteos de las reservas y cotos sociales de caza. Tuve suerte y me tocó ir a Alcarama, Coto Social de Caza de la provincia de Soria, que años más tarde se integraría en la actual Reserva Regional de Caza de Urbión. Los sorteos eran entonces por cotos por lo que, cuando me llegó una carta de Soria supe, antes de abrirla, que era un corzo en Alcarama lo que me había tocado, pues sólo echaba a corzos.
     Y llegué a Soria el 27 de junio de 1987, en plenos Sanjuanes, por lo que, aunque intentamos dormir algo, al tener Jose su casa muy céntrica, fue imposible. 
Tras el lance. Jaime es el segundo por la derecha
     La tarde anterior fuimos hasta San Pedro Manrique para conocer a los celadores que nos acompañarían y probar el rifle. Allí conocí al celador a cuyo cargo estaba Alcarama, el amigo Jaime, al que luego he ido viendo de vez en cuando y siempre me dice que se acuerda de cuando cacé el corzo y en donde. Yo creo que lo hace por quedar bien, pues con la cantidad de corzos que debe de haber cazado desde entonces, o tiene un memorión o es imposible.
      Prácticamente sin dormir partimos a la mañana siguiente, Jose y el que suscribe, de nuevo hacia San Pedro Manrique. Llegamos de noche, como no podía ser de otra manera y emprendimos la marcha, en Land Rover, hacia el Noreste del pueblo, por  muy buenas pistas, internándonos por unos barrancos repoblados por pinos.
      En algún momento del recorrido parábamos y mirábamos las escasas praderas que se divisaban, pues los pinares eran jóvenes y muy densos y escasamente se veían las terrazas sobre los que se habían implantado los árboles. Luego continuábamos otro rato. Vimos un venado y una o dos corzas, pero muy lejanos, al otro lado del barranco en el que estábamos, fuera de tiro.
      En una de esas paradas oímos ladrar a un corzo más adelante y por debajo del camino. Se quedaron Jose y los otros dos celadores que nos acompañaban, en el coche y Jaime y yo iniciamos el rececho, primero camino adelante hasta llegar a la altura del corzo y luego ya entre el monte hasta alcanzar unas piedras desde las que empezamos a buscarle.
      Le descubrió Jaime al borde de una praderilla que no habíamos visto, por quedar tapada desde el camino y me dijo que me preparara. Colocamos la mochila, sobre unas matas de enebro rastrero y tumbado, encaré el rifle buscando al corzo. 
El corzo abatido. Al fondo los barrancos
      Como estaba cerca, a unos cincuenta metros, como mucho, nos debió de oir e inició  la entrada hacia el monte, por lo que le tiré rápido  a la parte trasera, alcanzándole. Se metió al monte y le perdimos, pero Jaime me dijo que no me preocupara, que estaba bien alcanzado y le cogeríamos enseguida.
      Así fue, Jaime se metió por el monte y allí mismo estaba, vivo, pero con un tiro que le había alcanzado la columna a la altura de los riñones y no podía escaparse. 
      Sin aviarle le subimos hasta el camino, donde ya estaban los demás y le hicimos las fotos pertinentes. Le aviaron entonces, enterrando los restos, para que no dieran con ellos los zorros, según me dijeron y cargándole en el coche, volvimos a San Pedro, en donde liquidamos el permiso y de allí a Soria y con las mismas, carretera y manta para Ávila.
El corzo naturalizado
      Era un corzo bonito, grueso y alto, completo y dio 115 puntos CIC, plata  entonces.  Sobre ese trofeo me montaron años después una piel y así le tengo en el salón de mi casa, siendo el único trofeo naturalizado que tengo. 
      En fin, mi segundo corzo fue medalla, pero después no he conseguido ninguno más, aunque es cierto que el pasado año tiré a uno bastante mayor, también en Soria, pero no le di. Tuve que volver a Soria, después de veinticuatro años, para poder tener la oportunidad de cazar un buen trofeo de corzo.  Habrá que repetir.

5 de marzo de 2011

EL DOBLETE

En 1995, después de participar bastantes años en los sorteos de caza a rececho, en reservas nacionales y cotos sociales de Castilla y León, tuve la suerte de ser agraciado con un permiso.
No me costó demasiado elegir. Quería un corzo, por supuesto y respecto de la reserva en la que cazar, también estaba  claro, en donde seguro que me acogerían fenomenalmente, Riaño.
Podría haber optado por un permiso en Urbión o en la Sierra de la Demanda, con corzos de mejor calidad, pero volver a Riaño, tan espectacular en sus paisajes y con tanta calidad en su personal técnico y de guardería, era más atractivo que laposible calidad del corzo a cazar.
Así pues, un 17 de junio de 1995 partíamos Ambrosio y yo desde Ávila, a donde vino a recogerme, con dirección a Llánaves de la Reina, al hotel del buen amigo Nicolás.
Quedamos con Juan Carlos y César en Riaño y desde allí fuimos hasta Valdeón a ver a los celadores que nos iban a acompañar en la caza, Felipe y Javier. Javier vivía en Llánaves y le veríamos esa noche al ir a dormir al hotel.
Llegamos a media tarde a Valdeón y fuimos directos a ver a Felipe. Nos propuso dar una vuelta hasta anochecer para ver si encontrábamos algún corzo de los que tenían controlados, hasta catorce distintos, tirables, en ese cuartel, que era el suyo. El celo, además, estaba en su mejor momento. Toda esta información me dio aún más ánimos, ánimos que no necesitaba, pues el solo hecho de estar ahí, con la gente que estaba, era suficiente para mí. 
                  Felipe con los dos corzos en el prado
Ya entre dos luces, estábamos apostados cerca de la carretera que baja desde el Puerto del Pontón hasta Valdeón, vigilando unos prados muy querenciosos según Felipe. Oímos ladrar un corzo dentro del bosque, al otro extremo de los prados. Felipe indicó que sería el corzo que tenía allí controlado y que debíamos ir as buscarle al bosque pues se nos iba a echar encima la noche.
Se quedaron todos en la carretera, menos Felipe y yo, que avanzamos por el prado hasta el borde. Desde allí vimos, a unos ciento cincuenta metros, en otro prado, un corzo bastante malo, largo, pero delgado, sin luchaderas y con las puntas posteriores de uno o dos centímetros. Si a eso añadimos su aspecto desmejorado, los síntomas de vejez eran evidentes. Era también el prototipo de corzo asesino, con cuernas largas y sin luchaderas.
Felipe me dijo: 
-¡Tírale!.
A lo que le respondí:
-Hombre Felipe, para una vez que me toca un permiso, ¡cómo voy a tirar a ese corzo!
El trofeo que buscábamos
- Este es selectivo y no cuenta. Me dijo él.
Aclarado el tema, disparé al corzo, con tan buena suerte que cayó redondo.
Nos fuimos deprisa a por él, pues prácticamente ya era de noche.
Llegando al corzo, oímos ladrar a otro, que venía corriendo hacia nosotros.Enseguida veríamos que venía corriendo, pero no hacia nosotros.
Los dos, con los prismáticos, escudriñábamos en la oscuridad, intentando ver el corzo, hasta que Felipe me dice:
- ¡Es el que tengo visto, dispárale!
Y a menos de cincuenta metros, ladrando al corzo muerto, al que parece ser que seguía, maté mi segundo corzo esa tarde.
Todo ocurrió en menos tiempo del que se tarda en leerlo, por eso, aunque realmente no fue un doblete lo que hice, siempre lo he llamado así, pues no creo que trancurrieran cinco minutos entre uno y otro disparo.
Volvimos con los demás y ¡oh sorpresa!, se encontraron con dos corzos en lugar de uno.
Al día siguiente anduvimos por la montaña. El trabajo estaba hecho.




A la izquierda los dos corzos con el autor en la casa de Felipe 




28 de febrero de 2011

MIS COMPAÑEROS DE FATIGAS 1. AMBROSIO

En el anterior relato ya presenté algunos de mis amigos, corceros y cazadores en general, como yo, con los que viajé por vez primera al extranjero buscando nuevas experiencias tras los corzos. Hoy le toca a Ambrosio y en otros relatos hablaré de Jose, Josito y otros.
Ambrosio es especial. Desde que le conozco y ya son muchos, muchos, años, tuve claro que había conocido a alguien al que le gustaba el campo y la caza más que a mi. O al menos, igual que a mi. Siempre ha estado dispuesto para cualquier plan cinegético y si ese plan incluía corzos, mucho mejor. Es más, casi todos nuestros viajes cinegéticos por este país han sido tras los corzos, con mejor o peor suerte para mí, pues Ambros, aunque sólo exista un corzo, aunque esté en la imaginación del que nos ha llevado al sitio al que hemos acudido, se hace con él.
La primera foto juntos, en 1987. Teníamos más pelo
Nuestra colaboración corcera comenzó hacia el año 1993 cuando me llamó para decirme que podíamos entrar de socios en Arroyos, un pequeño coto de Los Yébenes entonces con bastantes corzos. Le dije que si y nos fuimos para allá. Sólo estuvimos tres o cuatro temporadas, pues lo que si había era muchas corzas, pero machos había pocos y buenos, posiblemente, ninguno. Así las cosas, nos quedamos poco a poco solos con el coto y para dos era demasiado caro. El siguió solo una temporada más y lo dejó al final.
Cazó unos cuantos corzos, pues disponía de bastante tiempo por entonces. Yo sólo pude cazar uno pequeño, aunque tiré a otro par de ellos, fallándolos.
Tras Arroyos pasamos a buscar corzos por otras latitudes y puesto que yo ya estaba en Ávila hacía unos años, comenzamos por un viaje a Burgos en el año 1998, por Santo Domingo de Silos, en el que no nos comimos una rosca. Bien es verdad que, al haber conseguido Ambrosio que el pago fuese a corzo muerto, al no ver color, aguantamos sólo dos salidas al campo, en dos días. Volvimos a Burgos el año 200, en septiembre por la zona de Ibeas de Juarros. Tampoco tuvimos suerte, pero seguíamos a corzo muerto. Total , que dejamos esa provincia para más adelante.
Ambrosio conmigo y mi corzo de Vallesú en 2002
En 2001 entré de socio en Vallesú, en Robledo del Mazo, pero Ambrosio, no recuerdo el porqué, no entró. Aún así, se vino conmigo algún día y claro, ese año cazó él, no yo. Al año siguiente entró con nosotros y estuvimos otra temporada, pues acabó el contrato y no0s quedamos sin coto. No recuerdo si allí cazó algún corzo más él, pero yo si cacé uno, pequeño claro, al que ya tiré por pesado, pues estaba tan encelado que me pasó dos veces por el sitio en el que me había apostado, la preciosa Pedriza de la Teja, comiéndose ala hembra y la última vez decidí tirarle. Al echarme el rifle a la cara, con 1,5 aumentos, todo era corzo, de lo cerca que pasaba.
En 2004 en Guadapero
En 2003 a través de un amigo contacté con Iñaqui, del que también hablaré en otro momento, en Monsagro, Salamanca, e iniciamos una fructífera etapa corcera en la zona de Ciudad Rodrigo. Así ese año y el siguiente cazamos en Guadapero, un corzo cada uno, cada año. En 2005 yo cacé un corzo en Porteros, pero creo que Ambrosio no cazó nada. Estuvimos también en Robleda y en El Cabaco, pero no conseguimos nada. En 2009 cacé otro en Serradilla del Arroyo, en Cabezagorda, un coto que Ambrosio arrendó solo ese año.
En 2005 con Iñaqui y mi corzo de Porteros
Antes, en el año 2005, habíamos formado un Club Deportivo con otra gente, entre ellos Josito, para poder concursar en los cotos que fueran saliendo a subasta. Conseguimos quedarnos, hacia el final de ese año, con El Pinar, también en Robledo del Mazo. En ese monte hemos pasado cinco temporadas, que nos han proporcionado muy buenos momentos, pero también algunos malos tragos. Este monte tenía mucho ciervo, pero pocos corzos y de hecho, yo sólo pude cazar dos en las cinco temporadas y Ambrosio creo que sólo ha cazado uno. Bien es cierto que si hubiésemos tirado a todo, si que se podrían haber matado varios, pero casi de segunda cabeza, como máximo. Y no tirábamos.
Terminamos en El Pinar y esta última temporada no teníamos donde cazar un corzo y me moví, comprando dos corzos en Soria, uno para cada uno. Pero claro, yo no se comprar como él y no fue a corzo muerto.
En Las Aldehuelas con su corzo en 2010
Me hacía ilusión volver a Soria, en donde cacé mi segundo corzo y el mayor que tengo, allá por 1987. Entonces estuve en San Pedro Manrique, ahora estuvimos al lado del Puerto de Oncala, en Las Aldehuelas. Ya me extenderé otro día con esas cazas, pero ahora estamos con Ambrosio que, en su linea, cazó en su primera y única asistencia al cazadero. El corzo no era grande, pero más pequeño fue el mío que, tras tres viajes a Soria durante el pasado verano, me vine como fui, aunque, a decir verdad, también tiré y a un corzo mucho mayor que el cazado por él. Pero fallé y me quedé con el corzo en la cabeza, de tal forma que ya no tiré a nada más, por buscarle cada vez que fui.
Concluyo estas lineas sobre Ambrosio esperando que nuestra mutua compañía continúe durante muchos años más.
¡Ah, ahora te toca a ti, Ambros, buscar corzos para la próxima temporada!