EL CORZO Y SU SANTA MADRE

Página dedicada al corzo, su vida y avatares. También a narrar las satisfacciones que nos reporta a los que disfrutamos con la gestión de sus poblaciones, contemplando sus espantadas por el monte, o intentando darle caza de vez en cuando.
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26 de septiembre de 2011

INCENDIOS FORESTALES. LA MALA NOTICIA DE TODOS LOS VERANOS

     Retomo el blog tras las vacaciones, la media veda, las terracitas con los amigos y otros pasatiempos agradables. Es el verano, época en la que pesar de lo largo que parecen los días, llega la noche y te das cuenta de que, un día más, no has podido ni abrir el blog, pues publicar entradas, ni te lo planteas.
    Bien es cierto que el corzo, desde que publiqué mi última entrada, ha seguido viviendo conmigo, pero nada más, pues las salidas al monte han sido escasas, por lo ya apuntado y por otra razón que ahora cito, mis guardias de incendios. 
     Pues si, las guardias de incendios que, un verano y otro también, condicionan todo lo anterior, sobretodo si su número llega a ser excesivo, como ha ocurrido varios años atrás. Este año fueron veintidós días, cifra que ya está en el  límite entre un verano más o menos aceptable, como el presente, en el que he tenido tiempo para vacaciones, media veda y demás y otro totalmente marcado por las guardias, como hace dos años.
     Esta entrada surge a raíz de un comentario reciente a una de las anteriores, de un compañero de Cuevas del Valle que se quedó sin monte hace dos años, por culpa del devastador incendio forestal que, a finales de julio de dos mil nueve, barrió los montes desde Arenas de San Pedro hasta más allá del Puerto del Pico, dejando un panorama desolador, que se va recuperando poco a poco, pues la naturaleza puede con todo, pero a una escala superior a la humana, por lo que ninguno de los que leemos esto veremos esos montes como los hemos conocido.
     Pues si, los incendios forestales, la gran desgracia de los montes en verano, destruyen la labor de años de de trabajo y esfuerzos en pocas horas y suponen luego volver a iniciar esa labor, con la esperanza de que no se reproduzcan en años posteriores en esa misma zona.
     Todo lo anterior viene a colación por lo que ahora explicaré y que resumiré en una frase: La zona donde cacé en junio mi primer corzo en Ávila, se ha quemado el pasado mes de agosto. Ahora me explico.
     El día 19 de agosto fue un mal día para la Sierra de Avila. A última hora de la tarde se produjo un incendio en el término municipal de Navalacruz, al Sur de la sierra que, a primeras horas de la tarde del sábado 20 de agosto, alcanzó la cuerda que separa Navalacruz de la Sierra de Ávila. Progresó el incendio durante la noche y en la mañana del domingo se pudo controlar, ya el la linde norte de la sierra, al borde del término municipal de Solosancho.
     Si el incendio se produjo por una u otra causa, lo desconozco, pero lo que si sé es que ardieron setecientas hectáreas, más de ciento veinte de ellas arboladas. A continuación publico una secuencia de fotos, desde el primer día al último, terminando con una foto hecha desde el mismo sitio en el que hice otra el día que cacé el corzo. Puede compararse con la publicada en esa entrada. Sobrarán los comentarios.



 En la foto de la izquierda se muestra la progresión del incendio, ladera arriba, en la noche del día 19, desde el punto de su inicio, en la parte baja de la ladera.

Las dos fotos siguientes muestran, desde ángulos distintos, el momento en el que el incendio alcanzaba la Sierra  de Ávila, ya en la tarde del día 20. La cuerda que se ve al fondo es la linde entre el monte Sierra de Ávila  y Navalacruz



Panorámica del monte Sierra de Ávila en la mañana del día 21. El incendio ya estaba controlado



Un hidro en labores de remate en la mañana del día 21, justo en el Arroyo de Villacarlón, en donde yo había cazado el corzo en el mes de junio.
Una panorámica de la zona incendiada desde tierra

Foto tomada desde el mismo sitio en la que se tomó la siguiente, el día en el que cacé el corzo. La comparación no puede ser más desoladora.

Foto del 19 de junio. En la mata de pinos del centro de la foto disparé al corzo. En la foto anterior se ve quemada y todo el matorral que queda por delante en la foto

      La vida sigue, pero puedo decir que, tras el incendio he ido al menos cuatro veces por la zona y lo único que he visto son vacas y rapaces, a las que el incendio ha beneficiado, pues ven perfectamente a cualquier animalillo que se desplace por esa zona y lo pueden cazar a placer. 
     ¿Los corzos han desaparecido?. No lo creo. Como tampoco los jabalíes y otros mamíferos grandes. El monte está totalmente abierto y los animales huyen mucho antes de que llegue el incendio. Lo que ocurre es que se habrán desplazado a otras zonas, más o menos aledañas, pues no sólo les ha molestado el incendio en sí, sino las labores de extinción en la zona quemada, que se han prolongado durante varios días.
      Si puedo decir que ayer en la zona próxima llamada El Medreadero, más cercana a Menga, vi dos hembras con dos crías cada una. 
        Afortunadamente, la  vida continúa. Volveremos a ver corzos en Las Meneas, seguro.

19 de junio de 2011

FINALMENTE ÁVILA

     Tenía que ser un día u otro y finalmente, tras veinticuatro años en esta provincia, he conseguido cazar mi primer corzo aquí. Tardó en llegar, pero se quedará en mis recuerdos para siempre. Al fin al cabo he conseguido cerrar el círculo, como ya decía en otra entrada de este blog sobre mis andanzas corceras.
    En efecto, desde 1987 hasta hoy ha pasado un largo periodo de tiempo, que he ido llenando con excursiones cinegético-corceras a otros lugares, como he ido refiriendo y continuaré haciendo. Mientras se han ido produciendo varios hechos muy significativos que citaré de corrido, por haber sido objeto de otras entradas del blog: Año 1990, en  el que soltamos el primer ejemplar de corzo en el Valle de Iruelas, año 1995, cuando hicimos lo mismo en El Colmenar, el año 199 , en el que se cazó el primer corzo en Iruelas y el año 2005, en el que comenzó a cazarse el corzo en El Colmenar. Finalmente, la generalización de los cotos con corzos en su plan técnico, lo que se ha acelerado desde, aproximadamente, el año 2005, como relataré en una próxima entrada.
     He tenido la suerte de poder ser testigo de primera mano de esa evolución de las poblaciones de corzo en Ávila y al final me ha llegado el turno. Así debía de ser y así fue, finalmente, esta mañana.
    A las cinco de la mañana salía hoy de casa con destino a la Sierra de Ávila, buscando una nueva zona de caza, por donde ya había pasado sin parar, ni ir expresamente a ella, varias veces en estos días, en donde tenía la completa seguridad de la existencia de corzos. Otra cosa distinta es su avistamiento y su rececho, como ahora comentaré, extremadamente dificultoso por la fragosidad del monte. Me refiero al cuartel denominado "Las Meneas".
     Dentro de Las Meneas hay una extensa zona de repoblación de pinos de diferentes edades, aunque los mayores no creo que tengan más allá de veinte años, a ambas márgenes del Arroyo de Cepalpino, que discurre de Este a Oeste. La zona está cerrada con alambre de espino, acotada al ganado y tendrá unas trescientas hectáreas de extensión. En la margen izquierda del arroyo se han ido haciendo tratamientos con la vegetación, por lo que presenta algunas claros, mientras que en la margen izquierda, al no haberse realizado esos trabajos, la abundancia de matorral entre los pinos hace tan difícil la progresión por la zona que es imposible el rececho, o al menos, el rececho silencioso. 
     He llegado antes de ser de día y ya se veía, pues sólo hace cuatro días que ha sido luna llena, por lo que ésta estaba muy alta. Tras cruzar la barrera he dejado el coche, intentando seguir el plan que ya tenía predeterminado, que pasaba por bajar hasta el cruce del arroyo con el camino y subir recechando todo el barranco, por la margen derecha, para ver los claros de la solana de mañana de la margen izquierda, hasta el cierre de alambre, unos dos kilómetros y medio más arriba. 
     Pero que he tenido que cambiar los planes nada más pisar el monte, pues es prácticamente imposible recechar por ese lado. Subiendo por la margen izquierda se rececha más o menos bien, pero la umbría, de mañana, que se va divisando está tan cerrada que no se ven sino un par de pequeñas praderas que rompen la continuidad de pinos y matorral. 
Al fondo la mata de pinos en la que se metió el corzo, desde el lugar del disparo
     Por lo tanto, me he ido asomando por donde podía, desde el tramo camino que discurre paralelo al arroyo, unos doscientos o trescientos metros, con la inmensa suerte de ver, a los pocos minutos, un corzo en la solana, en medio de un regajo. Como aún no se veía muy bien he tenido que esperar un poco hasta comprobar su trofeo, pues macho si que se veía que era.
     Estaba marcando en un espino cuando ha decidido meterse en la mata de pinos que tenía al lado. Eran las siete menos cuarto. Esperando a que volviese a salir al claro he estado más de una hora, pues presentía que, puesto que no me había ni barruntado, por estar a más de doscientos metros y cada uno a un lado del arroyo, que además, por llevar bastante agua, producía mucho ruido. Me he bajado lo que he podido por la ladera, pero no creo haberme distanciado más de cincuenta metros, pues iba haciendo demasiado ruido y he decidido colocarme en una terraza desde la que se veía la zona
     He esperado hasta que el sol ha dado al espino y a la pradera y en vista de que no había vuelto a salir me he ido subiendo hacia el camino para buscar el coche e irme a otro sitio, pues la mañana avanzaba rápidamente. Ya cerca del coche un último vistazo me descubre al animal cruzando la pradera en la que le descubrí, pero iba tranquilo, comisqueando aquí y allá.
     Vuelta a bajar al sitio de antes y rápidamente le enfilo y "clik", el rifle pica la bala, pero no sale. Cambio de bala, apunto de nuevo y el seguro puesto. A todo esto, el corzo había cruzado el regajo y se había vuelto a meter en otra pequeña mata de pinos. Le apunto, pero está de culo. Espero para ver si se cruza y al rato termina por cruzarse, al lado de un pino. 
    Ya sin pensarlo le disparo. Al tiro le veo como se vuelve saltando y le pierdo de vista. Cominezan los consabidos reproches que nos hacemos todos cuandpo fallamos. Pero mira por donde, esta vez los reproches han sido en vano. Distingo al corzo unos metros más abajo de donde le he disparado, sentado pero con la cabeza alta. Está claro que le he enganchado, posiblemente, pienso, en la panza.
    Como la experiencia te ayuda mucho en estos casos, recuerdo alguno que no he cobrado por meterme antes de tiempo a por él , o porque, malherido ha desaparecido y no lo hemos cobrado. Así que, decido volver a tirarle, con el riesgo de levantarle si no le doy, pero en donde está no me fio de poder llegar a él a tiempo, para que no se me levante. Arriesgo el tiro y oigo perfectamente el "zap", de la bala al tocar carne. 
     Efectivamente, el corzo salta y se  cae, cabecea un par de veces y le pierdo, porque la hierba está muy alta y no me permite verle ya muerto, supongo. Aún así, aguanto ahí otros veinte minutos, por si acaso. Son las ocho y cuarto, han transcurrido casi dos horas desde que le vi. 
     Vuelta al coche, colocación de las cosas y a cobrale. 
     Me bajo con el coche hasta el sitio en el que había pensado comenzar el rececho y desde allí, arroyo arriba, por la margen izquierda, subo hasta alcanzar el punto en el que sle disparé la primera vez y un poco más allá, encuentro al animalillo. 
     Le avío, etiqueto y a casa. 
     Me vuelvo por Menga, para ver a Pedro Menga y enseñarle el corzo. No necesito llegar. me lo encuentro por el camino y volvemos juntos.
     Tomamos un café, me entretengo y aún así, a las doce estoy ya en casa. En este apartado de la comodidad si que he ganado, no tengo que irme lejos de casa, disfruto más la caza, pues voy más veces y me busco yo la caza, lo que aún te llena más.
     ¿Ah, el trofeo!. No se me había olvidado, no. Bonito, seis puntas, completo, simétrico, muy perlado, pero corto, con sólo veintiún centímetros de longitud. Tengo algunos mejores, pero muchos más peores que éste. El corzo no es joven, se puede ver en las fotos y no creo que llegara a mucho más.
     En cualquier caso, para mí representa mucho más que un simple trofeo más del montón. Es mi primer corzo en Ávilña, tras tantos años y habiendo formado parte de la aventura que ha supuesto la expansión corcera en esta provincia.
     Seguro que la experiencia se repetirá, no lo dudo.
     Otras fotos las incluyo ahora.




    

29 de mayo de 2011

COMIENZA UNA NUEVA TEMPORADA

     Ha pasado casi un mes desde la última entrada y mi propósito inicial de escribir una vez a la semana, al menos, no ha podido cumplirse. Aunque para no escribir me ha ayudado una enorme tormenta, que me ha dejado colgado sin teléfono, ni internet claro, durante una semana, lo cierto es que lo que realmente ha impedido la continuidad que yo mismo me marqué, es el comienzo de mi temporada corcera en este mes de mayo.  
     Como ya comenté en otra entrada del blog, cuando ya no lo esperaba, recibí una llamada del Secretario del Asocio de Ávila preguntándome si me interesaban los corzos de la Sierra de Ávila. Quedamos para después de Semana Santa y así, a primeros de mayo, nos encaminamos Ambrosio y yo a las oficinas del Asocio donde realizamos el papeleo y nos dieron los precintos y la autorización de caza.
     Son dos corzos los que se pueden cazar, si bien uno será selectivo. En principio, a Ambrosio le he dejado el trofeo y yo me he quedado con el selectivo, pues yo dispondré de mucho más tiempo que él para buscar un corzo viejo o malo pero, lo más seguro, es que al final sea la suerte la que decida a que disparamos cada uno.
     El día en el que fuimos al Asocio dimos luego una vuelta por el coto, para que se fuese haciendo una idea del terreno que cazaremos, pero teníamos que volver temprano a Ávila y no vimos nada, excepto una jabalina con rayones, en unas praderas en Las Meneas, uno de los cuarteles de pastos del monte.
Panorámica del Pinar Viejo
     El cazadero es muy variado, pues el monte tiene casi siete mil hectáreas de superficie, de las que unas dos mil están repobladas, fundamentalmente con pino silvestre, o Valsaín, de edades muy variadas, pues las primeras datan de finales de los años cincuenta, estando realizándose las últimas ahora mismo. La vegetación que puebla el resto de la superficie es la típica de alta montaña de Gredos, matorrales de piornos y cambriones, enebro rastrero por doquier y grandes praderas en todas las zonas más llanas y las vaguadas. Estamos en alta montaña, pues la altitudes del monte van desde los 1.180 metros en su entrada llegando desde Sotalbo, hasta los 2.158 metros del Pico Zapatero, que puedo asegurar que ya se llamaba así antes, máxima altura de esta sierra.Todo el monte está en el término municipal de Sotalvo, extendiéndose desde el Puerto de Menga hasta el Puerto de Navalmoral, sobrepasando incluso éste último, llegando hasta lindar con el término de San Juan de la Nava. El camino que une ambos puertos, o camino principal del monte tiene más de veinticinco kilómetros.
Arroyo del Búho
     El monte creo que está dividido en siete cuarteles de pastos, que se abren a primeros de mayo, excepto el llamado Cuartel Libre, en el que el ganado puede estar todo el año. Este cuartel está  próximo a Sotalvo y deben ser sus vecinos los que tiene allí sus ganados. Cada cuartel está cerrado perimetralmente con alambre de espino, que impide el paso al ganado pero no a la fauna silvestre. Las repoblaciones están acotadas al ganado excepto el llamado Pinar Viejo, dentro del Cuartel Libre y que es la repoblación más antigua.
El Picuezo
     Después de dar unas pinceladas de como es el monte, tengo que decir que en lo que se refiere a los corzos, casi todo el mundo que anda por allí, ya sean agentes medioambientales o el guarda del Asocio, o personas que han ido a correr por él, ya andando o en bicicleta, hablan de ellos, pero los han visto pocas veces y casi siempre en el Pinar Viejo y aledaños, como el Río Picuezo. Del resto del monte, excepto Marcial, el guarda del Asocio, casi nadie me ha indicado haberlos visto alguna vez y éste último me ha hablado que en Las Meneas hay alguno y también por la entrada al monte viniendo desde Mironcillo, precisamente un paraje con una toponimia esclarecedora, Las Corzas.
    Pues bien, desde que nos dieron los precintos he ido yendo alguna tarde y varias mañanas a dar vueltas por el monte, intentando conocer mejor sus accesos y sus distintas zonas e ir fijando los corzos que voy observando, pues me he propuesto no disparar hasta que Ambrosio pueda venir a cazar.
Pico Zapatero
     Para evitar tentaciones, decidí no llevarme el rifle, pero ya al tercer día pensé que estos animalitos son tan esquivos y tan desconcertantes, que más valía llevarme el arma, no fuera a ver algún corzo bueno y luego me tirase de los pelos. Afortunadamente no se ha presentado la ocasión, aunque hoy ha estado cerca, pero he pensado en poner, al corzo visto esta mañana, un cartel que diga "Ambrosio" y esperar que venga a buscarle, si es que luego lo encontramos.
     He ido ya cuatro mañanas, estando allí al ser de día, y cuatro o cinco tardes, en las que, a pesar de quedarme hasta el anochecer, no he localizado nada, excepto dos animales, uno hembra y el otro no lo sé, pues no le vi ni el culo, corriendo entre el pinar. Las mañanas no han sido mucho más fructíferas, pero, al menos, lo que he visto lo ha sido tranquilamente, con el telescopio incluso, pudiendo contar hasta las puntas de la cuerna. A día de hoy he localizado tres machos, dos de ellos tirables, dos hembras y el que no he identificado. También me han ladrado otra tarde en una zona de pinar, pero no se qué o cuantos. La media no es ni de un corzo por día, pero bueno, ya iré conociendo mejor el monte.
Las Meneas
     Al haber entrado el ganado justo ahora en todos los cuarteles menos en el libre, habrán movido los corzos que hubiera y ahora es difícil ver algo, excepto en las zonas acotadas, las repoblaciones, que es donde estoy centrando mi búsqueda. Rastros si que encuentro en las zonas a las que estoy yendo.
      Al ir sabiendo la gente que ando buscando corzos, me van diciendo si ven alguno y en la última semana he ido con Pedro Pérez, mi amigo el celador, al que llamaré Pedro Menga, como le conoce todo el mundo por el servicio, a buscar una pareja que habían visto salir encima de la Fuente del Puerto de Menga. No los vimos, pero si vi unas zonas que yo no conocía que he visto que son ideales para los corzos, en donde ya vi rastros y dos machos distintos, uno pequeño, en dos días distintos. Con Pedro quiero quedar esta semana una tarde para que me enseñe la entrada a otra zona del monte en la que han visto, también hace unos días otra pareja.    
     En fin, poco a poco. la cosa es ir viendo y conociendo y cuando venga Ambrosio, que espero que sea esta semana, haremos los primeros recechos. Ya veremos como resultan.

18 de abril de 2011

¡YA TENEMOS EL CORZO ANUAL!

     Para ser más exacto, ya tenemos apalabrado el precinto para el corzo anual, que no el corzo. Así es, después de muchas idas y venidas, llamadas, parlamentos y pequeñas frustraciones, parece ser que, por fin, tendremos corzo. Y digo tendremos porque he apalabrado dos, todos los que vendían, uno para mí y el otro para Ambrosio, al que ya para comentárselo y me dijo estar de acuerdo.
     Ya he comentado en un relato anterior la búsqueda de este año, tanto por Josito como por mí, por Internet o a través de terceras personas. Pues bien, al final, sin esperarlo ya, uno de los muchos contactos se ha hecho realidad. 
     A mediodía me llaman por teléfono. Es David, el Secretario del Asocio, al que llamé hace un mes, más o menos, preguntándole por los corzos de la Sierra de Ávila, pues me habían dicho que ya les autorizaban la caza de un par de ellos, o tres, en esta temporada. Me confirmó esa noticia, pero, además, me dijo que ya habían tenido un precinto el año pasado, pero que no lo habían vendido ni, por tanto, cazado. 
     No era mala noticia, hasta que llegamos al precio, que yo pensé que era uno y resultó ser unos trescientos euros más caro de lo que yo esperaba, incluyendo el IVA. Ante ese precio, un 40% más caro de lo esperado, sólo pude decirle que no me interesaba tan caro. No necesitaba consultar con Ambrosio, aunque después si se lo dije, pues el precio era mayor que el que pagamos en Soria el año pasado y aunque para mí, la cercanía del coto compensaba el mayor precio, para él, aunque venir hasta Ávila le lleve menos tiempo, realmente le compensa poco. Así se quedó.
      Seguimos buscando corzos en Las Navas del Marqués, como ya comenté, en donde Josito se quedó con uno, en Segovia en tres cotos distintos, del que aún espero la respuesta de uno de ellos. Espero que esa respuesta sea positiva, a pesar de ya tener un corzo, pues me interesa entrar ahí, para tenerlo asegurado en próximos años, a un precio aceptable, similar al de la Sierra de Ávila, en donde, por el contrario, no puedo afirmar que otro año pueda tenerlo.
     Tito, del que hablaré otro día, también nos estuvo localizando algún corzo en Zamora, pero no cuajó y nos advirtió a tiempo de un coto de Toledo que salía a subasta y al que pensábamos concursar.     Hemos llegado a ir hasta Navafría, en donde subarrendaban una parte del coto con cuatro precintos de corzo, por una cantidad desorbitada. Aún así fuimos, pues Josito quería conocer al que vendía para intentar entrar de socio con él. Pero no se presentó, sino que mandó un representante y no podía haber trato respecto del trozo de coto que vendía, por la cantidad que pedía pues, a pesar de que justificaba el precio en la posibilidad de dar hasta tres monterías o seis ganchos, un simple paseo en coche por las pistas del monte nos permitió ver que este pinar ordenado desde hace más de un siglo, precisamente por esa modélica ordenación, alberga pocos sitios de encame para los jabalíes, por lo que esas batidas se podrían dar entre amigos, pero no comercialmente, para que ayudasen algo a bajar el precio de los corzos. Sin esa ayuda, los corzos costaban más de tres mil euros por cabeza. No hubo trato.
    Afortunadamente no hubo trato, pues aunque yo ya dije que no entraba en ese precio si que les aseguré a mis compañeros que corzos había muchos. Les hubiera engañado. El pasado lunes me reuní en Segovia con mis compañeros de la Comisión de Homologación de Trofeos de Castilla y León, de la que soy vocal y comenté el asunto con mi amigo Pedro Ramos, vocal por Segovia y que tuvo Navafría durante muchos años, pero ya hace bastantes también. Me contestó que había hecho bien pues había bajado mucho la población de corzos en la sierra, a la vez que había ido aumentando en el pie de monte y en la llanura segoviana.
     Yo había conocido esa zona hacía ya más de diez años y como no había vuelto más pues pensaba que seguía igual. Menos mal que nos pidieron mucho dinero y no entraron ellos, si no, se hubiesen estado acordando de mi toda la temporada.
     Después hemos estado en contacto con la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia, que posee varios cotos en la sierra de Segovia y el mayor de ellos en Peguerinos, Avila. Estamos pensando si asistir a un concurso de un pequeño coto, a caballo entre Valsaín y El Espinar, pero tras las noticias de Pedro Ramos, no sabemos que hacer. En cualquier caso es caro y esperaremos a ver que pasa.    
     Seguramente me dejo algunos contactos más buscando corzos, pero estábamos con David. Como hablo con él habitualmente, pensé que se trataba de algún asunto de trabajo. Pero, que va, eran los corzos. Me preguntó si seguía interesado en un corzo en la Sierra de Ávila. Le contesté que al precio que me pidió no y me respondió que al precio tasado en el pliego de condiciones más el IVA, a lo que, sin pensarlo le dije que no uno, sino los tres, contando con Josito, sin haber contado con él previamente, pero me respondió que tenían dos y una corza, por lo que le apalabré los dos.
     Hemos quedado después de Semana Santa para los precintos, el papeleo y el pago de los mismos. Espero que no haya ninguna pega hasta ese día. Ya lo veremos.
     La  verdad es que estoy ilusionado, como sólo lo puede estar un corcero, con la posibilidad de poder cazar mi primer corzo en Ávila, tras más de veinte años aquí y con todos los avatares que hemos pasado hasta ver que ya empieza a ser un animal habitual por estas sierras. Digo hemos pasado, pues en esa aventura tuve a mi lado a buenos compañeros de viaje, agentes, celadores y técnicos de Medio Ambiente en Ávila y amigos en otras provincias.
     Aunque posiblemente la zona de caza se haya poblado por la expansión natural que el corzo viene experimentando desde hace unos quince años por el Valle Amblés, desde Segovia y Peguerinos, también creo que las repoblaciones que hicimos en el Valle de Iruelas y sobretodo, en el Puerto del Pico, han contribuido a que el corzo llegue aquí. Esta circunstancia tiene para mí un morbo especial, pues digamos que, si consigo cazar uno, cierro el círculo, algo que no conseguí en el Valle de Iruelas, en donde pagué un precinto hace años y me quedé con él, pues no conseguí disparar sobre corzo alguno. Cierro el círculo desde la repoblación de unas sierras vírgenes de caza mayor, excepto algún jabalí que, con los años y esfuerzos de mucha gente implicada en el proyecto, pasan a albergar poblaciones de corzo, terminando la historia con la consecución de un trofeo, fin último, que no exclusivo, de aquéllas repoblaciones. A ese morbo habría que añadir la satisfacción íntima de conseguir el primer corzo del coto.
     La zona la conozco, pero dudo que alguien sepa que densidad de corzos hay, aunque nunca se haya cazado. Tampoco sabemos como serán, por lo que habrá que echarle algunas madrugadas y trasnochones para ir localizando los animales y decidir, sin prisa, que animal tirar, si fuese posible hacerlo y acordarnos, con toda seguridad, del título que le puse a este blog que recoge mis vivencias corceras.
     A esperar el desarrollo de los acontecimientos. Espero poder contar aquí la caza de mi primer corzo en Ávila.