EL CORZO Y SU SANTA MADRE

Página dedicada al corzo, su vida y avatares. También a narrar las satisfacciones que nos reporta a los que disfrutamos con la gestión de sus poblaciones, contemplando sus espantadas por el monte, o intentando darle caza de vez en cuando.

8 de diciembre de 2011

¡FELIZ NAVIDAD!

     Con el nuevo año reiniciaremos el blog pero, ya que ha llegado el tiempo en el que todos tenemos que ser  buenos hermanos, no me resisto a acordarme de la hermandad corcera y desearnos a todos unas felices fiestas un mejor año 2012. 
     
     Ya veremos...


26 de septiembre de 2011

INCENDIOS FORESTALES. LA MALA NOTICIA DE TODOS LOS VERANOS

     Retomo el blog tras las vacaciones, la media veda, las terracitas con los amigos y otros pasatiempos agradables. Es el verano, época en la que pesar de lo largo que parecen los días, llega la noche y te das cuenta de que, un día más, no has podido ni abrir el blog, pues publicar entradas, ni te lo planteas.
    Bien es cierto que el corzo, desde que publiqué mi última entrada, ha seguido viviendo conmigo, pero nada más, pues las salidas al monte han sido escasas, por lo ya apuntado y por otra razón que ahora cito, mis guardias de incendios. 
     Pues si, las guardias de incendios que, un verano y otro también, condicionan todo lo anterior, sobretodo si su número llega a ser excesivo, como ha ocurrido varios años atrás. Este año fueron veintidós días, cifra que ya está en el  límite entre un verano más o menos aceptable, como el presente, en el que he tenido tiempo para vacaciones, media veda y demás y otro totalmente marcado por las guardias, como hace dos años.
     Esta entrada surge a raíz de un comentario reciente a una de las anteriores, de un compañero de Cuevas del Valle que se quedó sin monte hace dos años, por culpa del devastador incendio forestal que, a finales de julio de dos mil nueve, barrió los montes desde Arenas de San Pedro hasta más allá del Puerto del Pico, dejando un panorama desolador, que se va recuperando poco a poco, pues la naturaleza puede con todo, pero a una escala superior a la humana, por lo que ninguno de los que leemos esto veremos esos montes como los hemos conocido.
     Pues si, los incendios forestales, la gran desgracia de los montes en verano, destruyen la labor de años de de trabajo y esfuerzos en pocas horas y suponen luego volver a iniciar esa labor, con la esperanza de que no se reproduzcan en años posteriores en esa misma zona.
     Todo lo anterior viene a colación por lo que ahora explicaré y que resumiré en una frase: La zona donde cacé en junio mi primer corzo en Ávila, se ha quemado el pasado mes de agosto. Ahora me explico.
     El día 19 de agosto fue un mal día para la Sierra de Avila. A última hora de la tarde se produjo un incendio en el término municipal de Navalacruz, al Sur de la sierra que, a primeras horas de la tarde del sábado 20 de agosto, alcanzó la cuerda que separa Navalacruz de la Sierra de Ávila. Progresó el incendio durante la noche y en la mañana del domingo se pudo controlar, ya el la linde norte de la sierra, al borde del término municipal de Solosancho.
     Si el incendio se produjo por una u otra causa, lo desconozco, pero lo que si sé es que ardieron setecientas hectáreas, más de ciento veinte de ellas arboladas. A continuación publico una secuencia de fotos, desde el primer día al último, terminando con una foto hecha desde el mismo sitio en el que hice otra el día que cacé el corzo. Puede compararse con la publicada en esa entrada. Sobrarán los comentarios.



 En la foto de la izquierda se muestra la progresión del incendio, ladera arriba, en la noche del día 19, desde el punto de su inicio, en la parte baja de la ladera.

Las dos fotos siguientes muestran, desde ángulos distintos, el momento en el que el incendio alcanzaba la Sierra  de Ávila, ya en la tarde del día 20. La cuerda que se ve al fondo es la linde entre el monte Sierra de Ávila  y Navalacruz



Panorámica del monte Sierra de Ávila en la mañana del día 21. El incendio ya estaba controlado



Un hidro en labores de remate en la mañana del día 21, justo en el Arroyo de Villacarlón, en donde yo había cazado el corzo en el mes de junio.
Una panorámica de la zona incendiada desde tierra

Foto tomada desde el mismo sitio en la que se tomó la siguiente, el día en el que cacé el corzo. La comparación no puede ser más desoladora.

Foto del 19 de junio. En la mata de pinos del centro de la foto disparé al corzo. En la foto anterior se ve quemada y todo el matorral que queda por delante en la foto

      La vida sigue, pero puedo decir que, tras el incendio he ido al menos cuatro veces por la zona y lo único que he visto son vacas y rapaces, a las que el incendio ha beneficiado, pues ven perfectamente a cualquier animalillo que se desplace por esa zona y lo pueden cazar a placer. 
     ¿Los corzos han desaparecido?. No lo creo. Como tampoco los jabalíes y otros mamíferos grandes. El monte está totalmente abierto y los animales huyen mucho antes de que llegue el incendio. Lo que ocurre es que se habrán desplazado a otras zonas, más o menos aledañas, pues no sólo les ha molestado el incendio en sí, sino las labores de extinción en la zona quemada, que se han prolongado durante varios días.
      Si puedo decir que ayer en la zona próxima llamada El Medreadero, más cercana a Menga, vi dos hembras con dos crías cada una. 
        Afortunadamente, la  vida continúa. Volveremos a ver corzos en Las Meneas, seguro.

19 de junio de 2011

FINALMENTE ÁVILA

     Tenía que ser un día u otro y finalmente, tras veinticuatro años en esta provincia, he conseguido cazar mi primer corzo aquí. Tardó en llegar, pero se quedará en mis recuerdos para siempre. Al fin al cabo he conseguido cerrar el círculo, como ya decía en otra entrada de este blog sobre mis andanzas corceras.
    En efecto, desde 1987 hasta hoy ha pasado un largo periodo de tiempo, que he ido llenando con excursiones cinegético-corceras a otros lugares, como he ido refiriendo y continuaré haciendo. Mientras se han ido produciendo varios hechos muy significativos que citaré de corrido, por haber sido objeto de otras entradas del blog: Año 1990, en  el que soltamos el primer ejemplar de corzo en el Valle de Iruelas, año 1995, cuando hicimos lo mismo en El Colmenar, el año 199 , en el que se cazó el primer corzo en Iruelas y el año 2005, en el que comenzó a cazarse el corzo en El Colmenar. Finalmente, la generalización de los cotos con corzos en su plan técnico, lo que se ha acelerado desde, aproximadamente, el año 2005, como relataré en una próxima entrada.
     He tenido la suerte de poder ser testigo de primera mano de esa evolución de las poblaciones de corzo en Ávila y al final me ha llegado el turno. Así debía de ser y así fue, finalmente, esta mañana.
    A las cinco de la mañana salía hoy de casa con destino a la Sierra de Ávila, buscando una nueva zona de caza, por donde ya había pasado sin parar, ni ir expresamente a ella, varias veces en estos días, en donde tenía la completa seguridad de la existencia de corzos. Otra cosa distinta es su avistamiento y su rececho, como ahora comentaré, extremadamente dificultoso por la fragosidad del monte. Me refiero al cuartel denominado "Las Meneas".
     Dentro de Las Meneas hay una extensa zona de repoblación de pinos de diferentes edades, aunque los mayores no creo que tengan más allá de veinte años, a ambas márgenes del Arroyo de Cepalpino, que discurre de Este a Oeste. La zona está cerrada con alambre de espino, acotada al ganado y tendrá unas trescientas hectáreas de extensión. En la margen izquierda del arroyo se han ido haciendo tratamientos con la vegetación, por lo que presenta algunas claros, mientras que en la margen izquierda, al no haberse realizado esos trabajos, la abundancia de matorral entre los pinos hace tan difícil la progresión por la zona que es imposible el rececho, o al menos, el rececho silencioso. 
     He llegado antes de ser de día y ya se veía, pues sólo hace cuatro días que ha sido luna llena, por lo que ésta estaba muy alta. Tras cruzar la barrera he dejado el coche, intentando seguir el plan que ya tenía predeterminado, que pasaba por bajar hasta el cruce del arroyo con el camino y subir recechando todo el barranco, por la margen derecha, para ver los claros de la solana de mañana de la margen izquierda, hasta el cierre de alambre, unos dos kilómetros y medio más arriba. 
     Pero que he tenido que cambiar los planes nada más pisar el monte, pues es prácticamente imposible recechar por ese lado. Subiendo por la margen izquierda se rececha más o menos bien, pero la umbría, de mañana, que se va divisando está tan cerrada que no se ven sino un par de pequeñas praderas que rompen la continuidad de pinos y matorral. 
Al fondo la mata de pinos en la que se metió el corzo, desde el lugar del disparo
     Por lo tanto, me he ido asomando por donde podía, desde el tramo camino que discurre paralelo al arroyo, unos doscientos o trescientos metros, con la inmensa suerte de ver, a los pocos minutos, un corzo en la solana, en medio de un regajo. Como aún no se veía muy bien he tenido que esperar un poco hasta comprobar su trofeo, pues macho si que se veía que era.
     Estaba marcando en un espino cuando ha decidido meterse en la mata de pinos que tenía al lado. Eran las siete menos cuarto. Esperando a que volviese a salir al claro he estado más de una hora, pues presentía que, puesto que no me había ni barruntado, por estar a más de doscientos metros y cada uno a un lado del arroyo, que además, por llevar bastante agua, producía mucho ruido. Me he bajado lo que he podido por la ladera, pero no creo haberme distanciado más de cincuenta metros, pues iba haciendo demasiado ruido y he decidido colocarme en una terraza desde la que se veía la zona
     He esperado hasta que el sol ha dado al espino y a la pradera y en vista de que no había vuelto a salir me he ido subiendo hacia el camino para buscar el coche e irme a otro sitio, pues la mañana avanzaba rápidamente. Ya cerca del coche un último vistazo me descubre al animal cruzando la pradera en la que le descubrí, pero iba tranquilo, comisqueando aquí y allá.
     Vuelta a bajar al sitio de antes y rápidamente le enfilo y "clik", el rifle pica la bala, pero no sale. Cambio de bala, apunto de nuevo y el seguro puesto. A todo esto, el corzo había cruzado el regajo y se había vuelto a meter en otra pequeña mata de pinos. Le apunto, pero está de culo. Espero para ver si se cruza y al rato termina por cruzarse, al lado de un pino. 
    Ya sin pensarlo le disparo. Al tiro le veo como se vuelve saltando y le pierdo de vista. Cominezan los consabidos reproches que nos hacemos todos cuandpo fallamos. Pero mira por donde, esta vez los reproches han sido en vano. Distingo al corzo unos metros más abajo de donde le he disparado, sentado pero con la cabeza alta. Está claro que le he enganchado, posiblemente, pienso, en la panza.
    Como la experiencia te ayuda mucho en estos casos, recuerdo alguno que no he cobrado por meterme antes de tiempo a por él , o porque, malherido ha desaparecido y no lo hemos cobrado. Así que, decido volver a tirarle, con el riesgo de levantarle si no le doy, pero en donde está no me fio de poder llegar a él a tiempo, para que no se me levante. Arriesgo el tiro y oigo perfectamente el "zap", de la bala al tocar carne. 
     Efectivamente, el corzo salta y se  cae, cabecea un par de veces y le pierdo, porque la hierba está muy alta y no me permite verle ya muerto, supongo. Aún así, aguanto ahí otros veinte minutos, por si acaso. Son las ocho y cuarto, han transcurrido casi dos horas desde que le vi. 
     Vuelta al coche, colocación de las cosas y a cobrale. 
     Me bajo con el coche hasta el sitio en el que había pensado comenzar el rececho y desde allí, arroyo arriba, por la margen izquierda, subo hasta alcanzar el punto en el que sle disparé la primera vez y un poco más allá, encuentro al animalillo. 
     Le avío, etiqueto y a casa. 
     Me vuelvo por Menga, para ver a Pedro Menga y enseñarle el corzo. No necesito llegar. me lo encuentro por el camino y volvemos juntos.
     Tomamos un café, me entretengo y aún así, a las doce estoy ya en casa. En este apartado de la comodidad si que he ganado, no tengo que irme lejos de casa, disfruto más la caza, pues voy más veces y me busco yo la caza, lo que aún te llena más.
     ¿Ah, el trofeo!. No se me había olvidado, no. Bonito, seis puntas, completo, simétrico, muy perlado, pero corto, con sólo veintiún centímetros de longitud. Tengo algunos mejores, pero muchos más peores que éste. El corzo no es joven, se puede ver en las fotos y no creo que llegara a mucho más.
     En cualquier caso, para mí representa mucho más que un simple trofeo más del montón. Es mi primer corzo en Ávilña, tras tantos años y habiendo formado parte de la aventura que ha supuesto la expansión corcera en esta provincia.
     Seguro que la experiencia se repetirá, no lo dudo.
     Otras fotos las incluyo ahora.




    

30 de mayo de 2011

LA REINTRODUCCIÓN DEL CORZO AL SUR DE ÁVILA. 2

El Colmenar desde Orzaduero
 Como esta tarde estoy en casa viendo llover, he decidido continuar con el blog y así recuperar las entradas que he dejado de publicar en este mes. Continuaré en esta entrada con el relato de cómo hicimos la reintroducción del corzo en la Sierra de Gredos, refiriéndome ahora a la construcción de un nuevo cercado de aclimatación próximo al Puerto del Pico, para ir extendiendo los corzos hacia el Macizo Central de Gredos.   
La segunda de las reintroducciones fue realizada en el monte “ El Colmenar “, propiedad de la Junta de Castilla y León, situado en la cabecera del Valle del Alberche, a la altura del Puerto del Pico, en el año 1995.
El monte El Colmenar junto con el denominado Orzaduero, también propiedad de la Junta de Castilla y León, del que le separa la carretera N-502, constituyen en conjunto un núcleo de 3.500 hectáreas. Están poblados por pino silvestre, procedente de repoblaciones, piornales y cambronales y praderas. En los arroyos proliferan sauces y serbales, además de algunos abedules, también plantados. Los dos montes forman el Coto Regional de Caza de Orzaduero y Colmenar.
Cercado de El Colmenar. Puesto de observación
En este caso, los corzos fueron soltados en un cercado de aclimatación de 145 hectáreas que, teniendo en cuenta la experiencia del Valle de Iruelas, se dividió en cuatro subcercados. El cercado está poblado en un ochenta por ciento de su superficie por pino silvestre de unos cincuenta años de edad, un diez por ciento lo forman praderas y el resto matorral. Está surcado por dos arroyos, uno de ellos de carácter permanente.
El hábitat para el corzo es menos afable que el del cercado del Valle de Iruelas, por lo que, a pesar de su mayor superficie, casi el doble, se instalaron en él un número similar de machos territoriales al de aquel.
Así pues, una vez aprobada la reintroducción del corzo, se procedió a la suelta, siendo los primeros en soltarse los procedentes del Valle de Iruelas, como ya quedó reseñado en la anterior entrada del blog sobre este asunto. Durante los años 1995, 1996 y 1997 se soltaron un total de veintiséis corzos, catorce machos y doce hembras.
Una nevada en El Colmenar
Debido a las fuertes nevadas del mes de enero de 1996, que cubrieron el cercado con más de dos metros de nieve tapando completamente la malla cinegética que lo cierra, prácticamente todos los corzos escaparon fuera y se distribuyeron por la zona. 
A raiz de esa huida, comenzaron a verse corzos por Navarredonda de Gredos, Hoyos del Espino, Hoyocasero y otras localidades de los valles del Alberche y Tormes. En muchos de esos pueblos se están cazando ya los corzos, obteniéndose buenos trofeos, como siempre ocurre cuando una especie llega a un terreno virgen para ella. 
Esta expansión por los valles citados, más la que ha tenido lugar a todo lo largo del Valle del Tiétar, claramente procedentes de los dos cercados instalados en Valle de Iruelas y El Colmenar, ayudados por alguna suelta en finca privada de Madrid, será objeto de otra entrada del blog, más adelante. En esa entrada también se comentará la expansión natural, desde las sierras de Guadarrama y Béjar, de las poblaciones de corzo, que están poblando ya todo el centro de la provincia de Ávila.
Cercado de El Colmenar. Comedero
Esas huidas del cercado, aunque en menor medida, han ido ocurriendo casi todos los inviernos, pues las nevadas propician que haya frecuentes caídas de ramas, incluso árboles, sobre la malla, produciéndose portillos, que no es posible reparar al momento. Por ello, en este cercado no se han realizado sueltas, como tales, sino que se han ido contabilizando las existencias tras el invierno, comprobando lo que ha escapado.
El cercado, aunque sigue existiendo, actualmente está en desuso. Sin embargo, la misión para la que fue creado, ser foco de irradiación de animales por la zona, la ha cumplido muy satisfactoriamente. 
Los primeros animales escapados, los de 1996 han dado lugar a una floreciente población de animales que ha permitido su caza ordenada desde el año 2005, en el que se abatió el primer ejemplar, cuya medición dio 106 puntos fiscales de la Junta de Castilla y León. Esa medición, como se sabe, no es comparable con la CIC, pero da idea de la calidad de los trofeos. Por el baremo establecido, esa puntuación hace que el trofeo obtenga medalla de bronce.
Corzo cazado en 2006. 121 puntos JCYL
A raiz de esa huida, comenzaron a verse corzos por Navarredonda de Gredos, Hoyos del Espino, Hoyocasero y otras localidades de los valles del Alberche y Tormes. En muchos de esos pueblos se están cazando ya los corzos, obteniéndose buenos trofeos, como siempre ocurre cuando una especie llega a un terreno virgen para ella. 
Corzo de 109 puntos CIC
Esta expansión por los valles citados, más la que ha tenido lugar a todo lo largo del Valle del Tiétar, claramente procedentes de los dos cercados instalados en Valle de Iruelas y El Colmenar, ayudados por alguna suelta en finca privada de Madrid, será objeto de otra entrada del blog, más adelante. En esa entrada también se comentará la expansión natural, desde las sierras de Guadarrama y Béjar, de las poblaciones de corzo, que están poblando ya todo el centro de la provincia de Ávila.
Corzo cazado en 2011. No homologado.
           Desde ese año, se ha venido cazando el corzo en el Coto Regional obteniéndose algunos buenos trofeos, siendo la máxima puntuación obtenida 121 puntos fiscales de un corzo cazado en 2006. Se han cazado diez corzos hasta el momento, de los que tres han sido medallas, los dos reseñados y otro cazado el año 2008, bronce CIC, con 109 puntos. 
         El día 28 de julio de 2009, el Coto Regional se vio afectado por el inmenso incendio forestal, que se inició en el término municipal de Arenas de San Pedro, en el Valle del Tiétar y saltando la cuerda, que cosntituye la divisoria de aguas entre ese río y el río Alberche, penetró en Orzaduero, esa misma noche, abrasando más de 500 hectáreas de este monte. 
        Transcurridos dos años desde ese aciago día, la zona incendiada se está recuperando con repoblaciones forestales, que se pretende alcancen a la totalidad de la superficie quemada en los próximos años. 
Orzaduero antes del incendio de 2009
        Entretanto, al acotarse al ganado la zona quemada, la fauna silvestre presente, que no está representada únicamente por el corzo, sino también por la cabra montés, el ciervo y el jabalí, gozará de mayor tranquilidad durante muchos años, seguramente no menos de veinte. Esto propiciará que los daños producidos por el incendio en la fauna silvestre, por pérdida de refugios y comida y la consiguiente desaparición de esa zona de los animales presentes antes, se verán compensados, a la larga, por la mayor variedad de comida presente, al tener que realizarse un laboreo del terreno previo a las plantaciones y la existencia de refugios  tranquilos y alejados del ganado.
       Los trabajos relatados en esta entrada y en la que se refería al Valle de Iruelas no hubieran sido posibles sin la colaboración, entusiasmo e interés que pusieron todos los celadores y agentes medioambientales, que personifico en Pedro Pérez, mi amigo de Menga, que aún continúa a cargo del Coto Regional, esperemos que por muchos años. 
 
Panorámica desde el Puerto del Arenal, antes del incendio
          

29 de mayo de 2011

COMIENZA UNA NUEVA TEMPORADA

     Ha pasado casi un mes desde la última entrada y mi propósito inicial de escribir una vez a la semana, al menos, no ha podido cumplirse. Aunque para no escribir me ha ayudado una enorme tormenta, que me ha dejado colgado sin teléfono, ni internet claro, durante una semana, lo cierto es que lo que realmente ha impedido la continuidad que yo mismo me marqué, es el comienzo de mi temporada corcera en este mes de mayo.  
     Como ya comenté en otra entrada del blog, cuando ya no lo esperaba, recibí una llamada del Secretario del Asocio de Ávila preguntándome si me interesaban los corzos de la Sierra de Ávila. Quedamos para después de Semana Santa y así, a primeros de mayo, nos encaminamos Ambrosio y yo a las oficinas del Asocio donde realizamos el papeleo y nos dieron los precintos y la autorización de caza.
     Son dos corzos los que se pueden cazar, si bien uno será selectivo. En principio, a Ambrosio le he dejado el trofeo y yo me he quedado con el selectivo, pues yo dispondré de mucho más tiempo que él para buscar un corzo viejo o malo pero, lo más seguro, es que al final sea la suerte la que decida a que disparamos cada uno.
     El día en el que fuimos al Asocio dimos luego una vuelta por el coto, para que se fuese haciendo una idea del terreno que cazaremos, pero teníamos que volver temprano a Ávila y no vimos nada, excepto una jabalina con rayones, en unas praderas en Las Meneas, uno de los cuarteles de pastos del monte.
Panorámica del Pinar Viejo
     El cazadero es muy variado, pues el monte tiene casi siete mil hectáreas de superficie, de las que unas dos mil están repobladas, fundamentalmente con pino silvestre, o Valsaín, de edades muy variadas, pues las primeras datan de finales de los años cincuenta, estando realizándose las últimas ahora mismo. La vegetación que puebla el resto de la superficie es la típica de alta montaña de Gredos, matorrales de piornos y cambriones, enebro rastrero por doquier y grandes praderas en todas las zonas más llanas y las vaguadas. Estamos en alta montaña, pues la altitudes del monte van desde los 1.180 metros en su entrada llegando desde Sotalbo, hasta los 2.158 metros del Pico Zapatero, que puedo asegurar que ya se llamaba así antes, máxima altura de esta sierra.Todo el monte está en el término municipal de Sotalvo, extendiéndose desde el Puerto de Menga hasta el Puerto de Navalmoral, sobrepasando incluso éste último, llegando hasta lindar con el término de San Juan de la Nava. El camino que une ambos puertos, o camino principal del monte tiene más de veinticinco kilómetros.
Arroyo del Búho
     El monte creo que está dividido en siete cuarteles de pastos, que se abren a primeros de mayo, excepto el llamado Cuartel Libre, en el que el ganado puede estar todo el año. Este cuartel está  próximo a Sotalvo y deben ser sus vecinos los que tiene allí sus ganados. Cada cuartel está cerrado perimetralmente con alambre de espino, que impide el paso al ganado pero no a la fauna silvestre. Las repoblaciones están acotadas al ganado excepto el llamado Pinar Viejo, dentro del Cuartel Libre y que es la repoblación más antigua.
El Picuezo
     Después de dar unas pinceladas de como es el monte, tengo que decir que en lo que se refiere a los corzos, casi todo el mundo que anda por allí, ya sean agentes medioambientales o el guarda del Asocio, o personas que han ido a correr por él, ya andando o en bicicleta, hablan de ellos, pero los han visto pocas veces y casi siempre en el Pinar Viejo y aledaños, como el Río Picuezo. Del resto del monte, excepto Marcial, el guarda del Asocio, casi nadie me ha indicado haberlos visto alguna vez y éste último me ha hablado que en Las Meneas hay alguno y también por la entrada al monte viniendo desde Mironcillo, precisamente un paraje con una toponimia esclarecedora, Las Corzas.
    Pues bien, desde que nos dieron los precintos he ido yendo alguna tarde y varias mañanas a dar vueltas por el monte, intentando conocer mejor sus accesos y sus distintas zonas e ir fijando los corzos que voy observando, pues me he propuesto no disparar hasta que Ambrosio pueda venir a cazar.
Pico Zapatero
     Para evitar tentaciones, decidí no llevarme el rifle, pero ya al tercer día pensé que estos animalitos son tan esquivos y tan desconcertantes, que más valía llevarme el arma, no fuera a ver algún corzo bueno y luego me tirase de los pelos. Afortunadamente no se ha presentado la ocasión, aunque hoy ha estado cerca, pero he pensado en poner, al corzo visto esta mañana, un cartel que diga "Ambrosio" y esperar que venga a buscarle, si es que luego lo encontramos.
     He ido ya cuatro mañanas, estando allí al ser de día, y cuatro o cinco tardes, en las que, a pesar de quedarme hasta el anochecer, no he localizado nada, excepto dos animales, uno hembra y el otro no lo sé, pues no le vi ni el culo, corriendo entre el pinar. Las mañanas no han sido mucho más fructíferas, pero, al menos, lo que he visto lo ha sido tranquilamente, con el telescopio incluso, pudiendo contar hasta las puntas de la cuerna. A día de hoy he localizado tres machos, dos de ellos tirables, dos hembras y el que no he identificado. También me han ladrado otra tarde en una zona de pinar, pero no se qué o cuantos. La media no es ni de un corzo por día, pero bueno, ya iré conociendo mejor el monte.
Las Meneas
     Al haber entrado el ganado justo ahora en todos los cuarteles menos en el libre, habrán movido los corzos que hubiera y ahora es difícil ver algo, excepto en las zonas acotadas, las repoblaciones, que es donde estoy centrando mi búsqueda. Rastros si que encuentro en las zonas a las que estoy yendo.
      Al ir sabiendo la gente que ando buscando corzos, me van diciendo si ven alguno y en la última semana he ido con Pedro Pérez, mi amigo el celador, al que llamaré Pedro Menga, como le conoce todo el mundo por el servicio, a buscar una pareja que habían visto salir encima de la Fuente del Puerto de Menga. No los vimos, pero si vi unas zonas que yo no conocía que he visto que son ideales para los corzos, en donde ya vi rastros y dos machos distintos, uno pequeño, en dos días distintos. Con Pedro quiero quedar esta semana una tarde para que me enseñe la entrada a otra zona del monte en la que han visto, también hace unos días otra pareja.    
     En fin, poco a poco. la cosa es ir viendo y conociendo y cuando venga Ambrosio, que espero que sea esta semana, haremos los primeros recechos. Ya veremos como resultan.

2 de mayo de 2011

VALSEMANA 2

     Escribía en una entrada anterior sobre Valsemana. Tengo que decir aquí, que me resisto todavía a escribir "post", que parece ser el nombre con el que, en la mayoría de los blogs que veo, se designa a cada uno de los escritos que se publican. En fin, continúo con Valsemana.
     Decía entonces que habiendo estado en Valsemana, había visto la ingente obra que Juan Carlos, Cesar y sus colaboradores habían hecho en ese monte. En esa entrada me referí fundamentalmente a la gestión que realizan para tener un centro de captura de corzos en vivo, que seguro es un referente para toda la España corcera aunque, por desgracia, no es demasiado conocido.
Vista de la sala dedicada a las edades de los corzos
     Hoy voy a comentar el otro, para mí, gran logro de Juan Carlos y sus chicos. La creación en Valsemana de un museo de fauna y dentro de éste, la colección de trofeos de corzo, y que para los que nos entusiasma el corzo, suponen una constatación de lo poco que conocemos de este pequeño cérvido.
     Esta obra de años, muchos años, la han podido presentar ahora por medio de grandes paneles en los que están colocados los trofeos agrupados por edades. Esas edades se han obtenido de dos formas. En los trofeos encontrados muertos en las reservas, o fuera de los cercados de Valsemana, por medio de una datación al microscopio, contando las capas de dentina. Se cuentan las capas como si de los anillos de un árbol se tratase. Este método es completamente fiable, aunque tiene como inconveniente su coste. Los trofeos de los corzos que se encuentran muertos en Valsemana y sus desmogues, son fácilmente datables, pues se conoce su edad al ser ya  muchos los años que este centro lleva funcionando.
Paneles de uno y dos años
     Mirando detenidamente la exposición nos daremos cuenta que muchos de los conocimientos que creemos tener asentados respecto de los corzos, no son sino teorías que, a fuerza de ser repetidas por unos y otros, parecen la biblia corcera. Sin embargo con la simple contemplación de los paneles, se desmontan algunas de estas teorías de un plumazo.
    Los paneles van desde uno a siete o más años. Hay tanta variabilidad en los trofeos que hay corzos ya completos con un año y corzos de seis o más años ya degenerados y con varetas. Esto último es más conocido y habitual, pero lo primero sólo es posible saberlo o bien tras muchos años de andar tras los corzos por el monte, o con el seguimiento que se ha hecho de las poblaciones de corzo en Valsemana. Algunos de los trofeos de un año aquí expuestos serían cazados sin ningún problema por corceros veteranos, sin pensar en que estarían cometiendo un error imperdonable, al disparar sobre animales muy jóvenes y con gran futuro.
Otra vista de la sala
     Los estudios que podrían realizarse sobre la ingente cantidad de trofeos que tienen, tanto expuestos como almacenados, a la espera de poder colocarlos en las distintas salas del museo, permitirían un conocimiento empírico del desarrollo de la cuerna del corzo, mientras que ahora sólo tenemos retazos por publicaciones dispersas, siendo las teorías antes comentada la realidad más generalizada sobre este cérvido.
Otra sala con la corza manchada y varios lobos
    Además de los trofeos de corzos, en Valsemana disponen de otros tantos trofeos de venado y de rebecos y rebecas. Ya van exponiendo algunas cuernas de venado defectuosas, lo que podría ser el inicio de un buen museo teratológico del ciervo. 
     También disponen de una cantidad considerable de trofeos de rebecos, pues por desgracia la sarna lleva asentada años en Picos de Europa.
     El museo se va completando poco a poco, por la propia iniciativa de los que lo han creado y lo mantienen y dispone también de algunos animales disecados de diversos orígenes, entre los que destacan, a mi juicio, un diorama  de rebecos y una corza con manchas blancas.
Diorama con los rebecos, instalándose.
    Finalmente, en Valsemana continúan con el criadero de mastín leonés, tan importante para acompañar a los rebaños de ovejas en zonas loberas y con el criadero de perros rastradores de raza teckel, que luego reparten entre los celadores de las reservas, para que les ayuden en sus tareas de cobro de animales heridos.
    En fin, una labor callada pero muy importante que es necesario que salga a la luz y pueda ser aprovechada por investigadores, pero también para la educación ambiental entre los jóvenes y contribuir a mejorar la imagen que la sociedad tiene de los cazadores y de todo lo relacionado con la caza.
    Esperemos que así vaya ocurriendo.
    Una vez editada esta entrada me ha enviado Juan Carlos fotos de las salas de Valsemana ya montadas. Para no modificar lo escrito, inserto el enlace en el que se pueden ver.
Fotos actuales

26 de abril de 2011

LOS CORZOS SALMANTINOS

     En el año 2003 una feliz circunstancia hizo que, a partir de ese año y hasta el presente, aunque no todos los años, hayamos ido a cazar corzos al Suroeste de Salamanca, más concretamente en el entorno de Ciudad Rodrigo. Allí hemos encontrado nuevos amigos y descubierto una zona muy abundante en corzos, que puede llegar a deparar sorpresas tan especiales como el encuentro, tras cualquier mata, de un corzo negro.
     La cosa comenzó inesperadamente, lo que es una buena forma de comenzar, pues la sorpresa que te supone encontrar corzos sin haberlos buscado, si bien no es tan satisfactoria como cuando buscas, rebuscas y finalmente encuentras, se ve compensada por llegar a un sitio del todo nuevo y al que no te esperabas acudir.
     Así, en el mes de marzo de ese año recibí una llamada de Antonio Núñez que, habiendo aprobado la oposición de celador de medio ambiente, había sido destinado el año anterior a la Reserva Regional de Las Batuecas, en Salamanca. Su cuartel de caza era Monsagro y allí había conocido y trabado amistad con un joven de ese pueblo, excepcional aficionado a la caza, especialmente del jabalí, de nombre Iñaqui.
     Iñaqui, que, con su mujer Mari Jose, regenta un pequeño hotel rural en esa localidad, le habló a Antonio de la posibilidad de vender un par de corzos de un pueblo vecino, preguntándole si conocía alguien que pudiera estar interesado.
      Antonio se acordó de mí y me llamó. Ahí empezó nuestra etapa salmantina. Digo nuestra etapa pues, desde el primer momento ya conté con Ambrosio para hacer el viaje juntos, aunque en ese primer año, como casi siempre, el acabó pronto y yo estuve yendo varias veces hasta que tuve la suerte de abatir mi primer corzo en esa zona.
     Aparecimos por Monsagro a mediados de abril, alojándonos en casa de Iñaqui. Desde allí salíamos a cazar a Guadapero, anejo de Serradilla del Arroyo, en donde teníamos los dos permisos. La distancia no era mucha. El terreno era parecido al de los Montes de Toledo, con sierras alineadas de Este a Oeste, repobladas con pinos excepto en las zonas de pedrizas, tan abundantes como en nuestra tierra. Las zonas no repobladas estaban pobladas por encinas en forma de monte bajo en las solanas y abundante matorral de brezo en las unbrías y entre las repoblaciones más jóvenes.
Ambrosio y su primer corzo de Salamanca, conmigo.
     La primera mañana ya cazó Ambrosio su corzo, cuya foto es la primera que aparece en este relato. Un corzo bonito. Yo después estuve yendo varias veces hasta que cacé mi corzo,  lo que hice el 18 de julio, pero del que no conservo foto pues lo cobró Iñaqui a los dos o tres días.
     Los hechos ocurrieron de la siguiente manera:
 Después de varios viajes a Monsagro no conseguía tener un corzo representativo a tiro, a pesar de que cada vez me conformaba con menos, como suelo ocurrir en estos casos. Ese día ya volvíamos a casa de la salida matinal cuando vimos dos corzos en unas terrazas a media ladera en uno de los cerros. Echamos los prismáticos y vemos que es un corzo muy aceptable, máxime a esas alturas de la temporada, que ya casi me anunciaba que tendría que volver para el otoño.
     El caso es que nos pareció aceptable y hacia él nos dirigimos, tras dejar el coche en un bajo, llegando a unos doscientos metros de la pareja. No podíamos avanzar más y para más complicación los corzos se espantaron subiendo más por la ladera. Les silbamos y se pararon a no menos de trescientos metros, según Iñaqui, que llevaba mi telémetro, pues yo bastante hacía con intentar no perderlos por el visor, apoyando el rifle en el trípode. Al pararse cruzados Iñaqui me animó a tirar y allí fue la bala, sintiendo claramente el golpe en la carne, pues la distancia a la que estaban permitía oirlo tras el estampido.
     Enganchado estaba, aunque no sabíamos donde y para que nos reafirmáramos en ello, el corzo comenzó a descender cortando las terrazas, parándose a unos doscientos metros, mientras que la corza había seguido huyendo hacia arriba. Se paró el corzo en una terraza, pero no le veíamos desde abajo, por lo que, en contra de lo que indican las más elementales normas cinegéticas cuando se deja herido a un animal, en lugar de esperar fumando un cigarro, pues entonces yo aún fumaba, pensamos que lo mejor sería ir a buscar al corzo, pensando en que su herida sería mayor de lo que luego resultaría.
     El segundo error fue que Iñaqui subió y yo me quedé esperando, para poder dirigirle hacia el sitio en donde le vimos la última vez. Y todavía quedaba un tercer error, más craso aún. Iñaqui se fue sin arma, pensando en que si se movía yo le vería y podría dispararle, pues seguro que correría hacia abajo, como así ocurrió.
     El corzo dejó llegar a Iñaqui hasta menos de cinco metros. Temblaba y seguro que si le hubiésemos dejado echarse, le hubiéramos cobrado, pero... El caso es que no pudo echarle mano, corrió hacia abajo y yo no le vi. Luego comprobamos que el matorrral y los pinos eran más altos de lo que pensábamos en en el sopié del cerro, por donde, lógicamnte, huyó.
     Fuimos a Monsagro a por Charly, el perro de rastro de Iñaqui y volvimos a la zona. Charly cogió el rastro y salió una terraza hacia delante, a no más de cincuenta metros de donde yo había estado puesto esperando su bajada y continuó por ella hasta llegar a una de las alambreras que delimitaban las propiedades, a unos quinientos metros de donde estábamos. Viendo que el rastro se alejaba y que no estaba claro que lo pudiésemos cobrar, pues habían encontrado una cama con bastante sangre, lo que indicaba que estaba bien tocado, decidimos, ahora si, dejar la búsqueda hasta que el animal se enfriase.
     Como yo me tenía que volver, pues creo que tenía guardia de incendios al día siguiente, Iñaqui se quedó encargado de intentar el cobro. Pasaron dos o tres días y finalmente, Iñaqui me llamó comunicándome que había encontrado el corzo, por el olor y los buitres y sólo a unos veinte o trienta metros de donde dejaron el rastro en la alambrera. Estaba metido contra un brezo y según olía debía de llevar muerto casi desde el día del disparo, aunque en pleno mes de julio poco tiempo necesita la carne para corromperse. En fin, nos quedamos sin carne por no seguir las reglas y el pobre Iñaqui tuvo que cortarle la cabeza casi con mascarilla.
Ambrosio con Iñaqui y su  corzo 
     Al año siguiente volvimos a Guadapero y de nuevo Ambrosio cazó el primero, un buen corzo para la zona, al que yo no quise tirar la tarde anterior, por no cazar el primer día y acabar tan pronto la temporada. A los dos días cacé yo mi corzo, pequeño aunque con seis puntas, que me proporcionó un bonito lance y al que tiré por ese motivo, reconociendo que me pareció mayor de lo que realmente fue luego, pero eso ocurre a menudo con los corzos, especialmente si los ves de frente o por detrás. Localicé por sus ladridos a dos corzos que se perseguían por el borde de un pinar,como si estuvieran en celo, a pesar de ser el día 18 de abril. Al final pude fijar al mayor y le disparé, muy lejos, al borde del pinar en el que se iba a meter.
Con Iñaqui y Ambrosio y mi primer corzo de 2004
    Tuve suerte ese año pues al final acabé cazando un corzo de Ambrosio, a finales del mes de julio, pues se había quedado con dos precintos más y sólo pudo cazar uno. Yo me lo encontré, pues antes que perderlo me invitó a ir con él y el primero que cazase ponía el precinto. Cacé un corzo, también pequeño, del que tampoco conservo foto, no se el porqué.
     Pero quien si pudo rizar el rizo fue Ambrosio, pues tuvo la suerte de ver un corzo negro, bien es verdad que lejos, según Iñaqui, que iba con él  y aunque le disparó, por más que buscamos luego, no encontramos rastro alguno. No era grande, como no lo es ningún corzo melánico, pero hubiese sido un exito total. Después no hemos vuelto a ver ninguno más en nuestras excursiones por la zona.
     Volvimos a Monsagro en 2005. Esa vez no conseguimos los precintos de Guadapero, pero Iñaqui disponía de uno de su coto de Porteros y allí fuimos. Tuve mucha suerte y el corzo fue para mí. El 16 de julio Iñaqui me dejó puesto al lado de unos huertos y él se fue con Ambrosio a recechar por otra zona del coto. 
Iñaqui y Ambrosio con mi corzo de Porteros.
     Después de esperar bastante y de que me entrara un furtivo, pues eso era una persona que me cruzó a unos 100 metros con la escopeta en la mano, sin cortase para nada, oí ladrar un corzo en la ladera que tenía a mi espalda, en donde había un cercado con una repoblación de pinos. Me volví y vi un corzo que entraba por debajo de la alambrera a la repoblación, parándose entre las terrazas. A pesar de la distancia, habiéndo ya terminado la mañana, decidí dispararle y volví a oir el flop de la bala al alcanzar el cuerpo del animal. Cuando subí a buscarle ya estaba muerto. 
     En 2006, de nuevo sin precintos de Guadapero, que ya no hemos vuelto a tener, Iñaqui consiguió tres de El Cabaco, ya más alejado de su casa y en el que no conseguimos abatir ningún corzo, a pesar de haber ido en dos o tres ocasiones. También intentamos el corzo de Porteros y Juan Carlos, que se vino con nosotros un fin de semana, llegó a disparar a uno, pero en malas condiciones y no se hizo con él. 
     Al año siguiente fuimos a Robleda, también en la zona de Ciudad Rodrigo, por un contacto de Ambrosio. Sólo estuvimos un fin de semana, viniéndose con nosotros Jose. Tampoco vimos nada ninguno de los tres y yo no volví. Ambrosio aún fue un par de veces, pero volvió "bolo" también. 
     Hemos seguido manteniendo la conexión con Iñaqui, que ha venido un par de veces a cazar con nosotros a Piedrescrita y hemos vuelto en 2009 a cazar con él. esta vez Ambrosio se había quedado en subasta con el coto Cabezagorda, en Serradilla del Arroyo que, además de tres monterías, disponía de cinco precintos de corzo. Pero claro, una cosa son los precintos y otra los corzos y apesar de que en el mes de febrero anterior, en el que fuimosa conocer el coto, vimos varios corzos y corzas, lo que nos hacía prever que no sería muy diufícil su caza, a la hora de la verdad, la cosa estuvo tan cruda que en un fin de semana, con cuatro personas recechando, Jose, Ambrosio, Juan Carlos y yo, no conseguimos ni un sólo corzo. Esto decidió a Ambrosio a dejar el coto, cosa que hizo antes de acabar la temporada del corzo. 
Iñaqui con el corzo de Cabezagorda
     Yo tuve mucha suerte, pues ya había cazado mi corzo al comienzo de la temporada, el 14 de abril, con un tiro lejano y con mucha suerte, pues le di en el cuello. 
     En este coto tenía Iñaqui localizado un corzo negro, en la zona en la que yo cacé el corzo, llamada Los Valles, pero no fuimos capaces de dar con él.
     No hemos vuelto por Monsagro el pasado año y este supongo que tampoco, pues Iñaqui no ha conseguido precintos con garantías. Habrá que esperar a que se produzca la sorpresa, como ocurrió con la primera vez en la que fuimos para allá.

18 de abril de 2011

¡YA TENEMOS EL CORZO ANUAL!

     Para ser más exacto, ya tenemos apalabrado el precinto para el corzo anual, que no el corzo. Así es, después de muchas idas y venidas, llamadas, parlamentos y pequeñas frustraciones, parece ser que, por fin, tendremos corzo. Y digo tendremos porque he apalabrado dos, todos los que vendían, uno para mí y el otro para Ambrosio, al que ya para comentárselo y me dijo estar de acuerdo.
     Ya he comentado en un relato anterior la búsqueda de este año, tanto por Josito como por mí, por Internet o a través de terceras personas. Pues bien, al final, sin esperarlo ya, uno de los muchos contactos se ha hecho realidad. 
     A mediodía me llaman por teléfono. Es David, el Secretario del Asocio, al que llamé hace un mes, más o menos, preguntándole por los corzos de la Sierra de Ávila, pues me habían dicho que ya les autorizaban la caza de un par de ellos, o tres, en esta temporada. Me confirmó esa noticia, pero, además, me dijo que ya habían tenido un precinto el año pasado, pero que no lo habían vendido ni, por tanto, cazado. 
     No era mala noticia, hasta que llegamos al precio, que yo pensé que era uno y resultó ser unos trescientos euros más caro de lo que yo esperaba, incluyendo el IVA. Ante ese precio, un 40% más caro de lo esperado, sólo pude decirle que no me interesaba tan caro. No necesitaba consultar con Ambrosio, aunque después si se lo dije, pues el precio era mayor que el que pagamos en Soria el año pasado y aunque para mí, la cercanía del coto compensaba el mayor precio, para él, aunque venir hasta Ávila le lleve menos tiempo, realmente le compensa poco. Así se quedó.
      Seguimos buscando corzos en Las Navas del Marqués, como ya comenté, en donde Josito se quedó con uno, en Segovia en tres cotos distintos, del que aún espero la respuesta de uno de ellos. Espero que esa respuesta sea positiva, a pesar de ya tener un corzo, pues me interesa entrar ahí, para tenerlo asegurado en próximos años, a un precio aceptable, similar al de la Sierra de Ávila, en donde, por el contrario, no puedo afirmar que otro año pueda tenerlo.
     Tito, del que hablaré otro día, también nos estuvo localizando algún corzo en Zamora, pero no cuajó y nos advirtió a tiempo de un coto de Toledo que salía a subasta y al que pensábamos concursar.     Hemos llegado a ir hasta Navafría, en donde subarrendaban una parte del coto con cuatro precintos de corzo, por una cantidad desorbitada. Aún así fuimos, pues Josito quería conocer al que vendía para intentar entrar de socio con él. Pero no se presentó, sino que mandó un representante y no podía haber trato respecto del trozo de coto que vendía, por la cantidad que pedía pues, a pesar de que justificaba el precio en la posibilidad de dar hasta tres monterías o seis ganchos, un simple paseo en coche por las pistas del monte nos permitió ver que este pinar ordenado desde hace más de un siglo, precisamente por esa modélica ordenación, alberga pocos sitios de encame para los jabalíes, por lo que esas batidas se podrían dar entre amigos, pero no comercialmente, para que ayudasen algo a bajar el precio de los corzos. Sin esa ayuda, los corzos costaban más de tres mil euros por cabeza. No hubo trato.
    Afortunadamente no hubo trato, pues aunque yo ya dije que no entraba en ese precio si que les aseguré a mis compañeros que corzos había muchos. Les hubiera engañado. El pasado lunes me reuní en Segovia con mis compañeros de la Comisión de Homologación de Trofeos de Castilla y León, de la que soy vocal y comenté el asunto con mi amigo Pedro Ramos, vocal por Segovia y que tuvo Navafría durante muchos años, pero ya hace bastantes también. Me contestó que había hecho bien pues había bajado mucho la población de corzos en la sierra, a la vez que había ido aumentando en el pie de monte y en la llanura segoviana.
     Yo había conocido esa zona hacía ya más de diez años y como no había vuelto más pues pensaba que seguía igual. Menos mal que nos pidieron mucho dinero y no entraron ellos, si no, se hubiesen estado acordando de mi toda la temporada.
     Después hemos estado en contacto con la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia, que posee varios cotos en la sierra de Segovia y el mayor de ellos en Peguerinos, Avila. Estamos pensando si asistir a un concurso de un pequeño coto, a caballo entre Valsaín y El Espinar, pero tras las noticias de Pedro Ramos, no sabemos que hacer. En cualquier caso es caro y esperaremos a ver que pasa.    
     Seguramente me dejo algunos contactos más buscando corzos, pero estábamos con David. Como hablo con él habitualmente, pensé que se trataba de algún asunto de trabajo. Pero, que va, eran los corzos. Me preguntó si seguía interesado en un corzo en la Sierra de Ávila. Le contesté que al precio que me pidió no y me respondió que al precio tasado en el pliego de condiciones más el IVA, a lo que, sin pensarlo le dije que no uno, sino los tres, contando con Josito, sin haber contado con él previamente, pero me respondió que tenían dos y una corza, por lo que le apalabré los dos.
     Hemos quedado después de Semana Santa para los precintos, el papeleo y el pago de los mismos. Espero que no haya ninguna pega hasta ese día. Ya lo veremos.
     La  verdad es que estoy ilusionado, como sólo lo puede estar un corcero, con la posibilidad de poder cazar mi primer corzo en Ávila, tras más de veinte años aquí y con todos los avatares que hemos pasado hasta ver que ya empieza a ser un animal habitual por estas sierras. Digo hemos pasado, pues en esa aventura tuve a mi lado a buenos compañeros de viaje, agentes, celadores y técnicos de Medio Ambiente en Ávila y amigos en otras provincias.
     Aunque posiblemente la zona de caza se haya poblado por la expansión natural que el corzo viene experimentando desde hace unos quince años por el Valle Amblés, desde Segovia y Peguerinos, también creo que las repoblaciones que hicimos en el Valle de Iruelas y sobretodo, en el Puerto del Pico, han contribuido a que el corzo llegue aquí. Esta circunstancia tiene para mí un morbo especial, pues digamos que, si consigo cazar uno, cierro el círculo, algo que no conseguí en el Valle de Iruelas, en donde pagué un precinto hace años y me quedé con él, pues no conseguí disparar sobre corzo alguno. Cierro el círculo desde la repoblación de unas sierras vírgenes de caza mayor, excepto algún jabalí que, con los años y esfuerzos de mucha gente implicada en el proyecto, pasan a albergar poblaciones de corzo, terminando la historia con la consecución de un trofeo, fin último, que no exclusivo, de aquéllas repoblaciones. A ese morbo habría que añadir la satisfacción íntima de conseguir el primer corzo del coto.
     La zona la conozco, pero dudo que alguien sepa que densidad de corzos hay, aunque nunca se haya cazado. Tampoco sabemos como serán, por lo que habrá que echarle algunas madrugadas y trasnochones para ir localizando los animales y decidir, sin prisa, que animal tirar, si fuese posible hacerlo y acordarnos, con toda seguridad, del título que le puse a este blog que recoge mis vivencias corceras.
     A esperar el desarrollo de los acontecimientos. Espero poder contar aquí la caza de mi primer corzo en Ávila.

10 de abril de 2011

MI PENÚLTIMO FALLO

     Esta entrada no tendrá fotos, a no ser que sean de paisajes o amigos, pues lo que se dice de trofeos, no encontraremos ninguna. Así será porque lo que hoy relataré son mis fallos, en una relación que no pretende ser exhaustiva, pero que me ayudará a recordar aquellos lances que mi memoria, tan selectiva con los malos recuerdos, habrá pretendido olvidar y quizá ya haya olvidado.
     Mi último fallo aún lo recuerdo. Fue el pasado verano. Volví a Soria tras más de veinte años buscando un buen corzo, como los que allí existen. Conseguí dos permisos en Las Aldehuelas, uno para mí y el otro para Ambrosio. la zona de caza está tras pasar el Puerto de Oncala, en un valle que se abre hacia el Noroeste, flanqueado por decenas de aerogeneradores, en las cuerdas de las dos cordilleras que le delimitan.
     El coto, de unas 5.000 Hectáreas, según me dijeron, está en plenas tierras altas de Soria, con grandes extensiones de praderas en las que pastaban miles de ovejas y algunos corzos. Repartidos por el valle se van repartiendo pequeños bosquetes de rebollos, acebos y pinos silvestres, bien monoespecíficos, bien mezclados. Es una zona muy bonita, pues permite ver muy lejos, al ser tan abierta, aunque luego pueda ser difícil llegar a distancia de tiro de los animales.
     En fin, que llegamos un día de finales de julio del pasado año a Garray y tras recoger los precintos y conocer a Juanma, vecino de Las Aldehuelas, perrero y representante del coto, que nos enseñaría sus lindes, partimos hacia el mismo. Hacía mucho viento y no vimos nada. Al día siguiente por la mañana tampoco vimos nada y por la tarde vino a acompañarnos, además de Juanma, Tomás, la persona que nos había vendido los precintos. 
    Yo me fui con Tomás y Ambrosio con Juanma. Alcanzamos con su coche el final del coto, en donde, según me dijo, había visto un buen corzo días antes. Aparcamos en la base de uno de los molinos y sacamos el telescopio, que él llevaba, comenzando a registrar la ladera de enfrente, hacia abajo y todo lo que alcanzaba nuestra vista. Con los prismáticos descubrí un animal, bastante lejos, que andaba triscando entre un bosquete claro de pinos jóvenes. Al echarle el telescopio comprobé que era muy bueno. Se lo marqué a Tomás y me dijo que era el que ya conocía. 
     Salimos rápidamente a su encuentro. Primero fuimos con el coche hasta su altura, aunque por encima de él y después iniciamos el rececho hacia donde suponíamos que iría en su deambular. Al rato de andar y no verle, pudimos localizarle delante nuestro a unos ciento cincuenta metros, entre los pinos. El aire nos daba en la cara por lo que ya sólo nos quedaba esperar a que se pusiera a tiro.
     Yo no me suelo poner nervioso y ahora tampoco lo estaba pero, es cierto, que es una de las veces en las que más tiempo he estado observando a un corzo, esperando a dispararle, con el agravante de que, cada vez, se nos aproximaba más. Le tuve apuntado a unos cien metros, pero como el corzo parecía tranquilo y venía hacia nosotros, decidí esperar. El aire venía firme pero, por alguna razón, el corzo nos barruntó y despistado primero, vino hacia nosotros y luego, ya claramente buscándonos y ladrando, comenzó a rodearnos y a a unos cincuenta metros, al asomar andando detrás de un pino, decidí tirarle. Yo creo que le vi tan muerto, que lo fallé limpiamente. 
     Tomás no daba crédito a lo que había pasado y yo, mejor ni contarlo. Era el mejor corzo al que había disparado nunca. Tomás me dijo que, al menos, tendría 140 puntos. ¡Que se le va a hacer!. Como penitencia me tocó volver a Soria dos veces más, yo solo y al final, irme bolo. 
     Fue un 26 de julio vde 2010. Pues bien, si este ha sido el último fallo, ahora intentaré recordar el primero. Al primer corzo que disparé le di. Fue el que cacé en Sevilleja y que ya relaté. El segundo también cayó, fue el de Soria de 1987. Pero, a partir de ahí comenzarían los fallos. 
      Al tercer corzo lo tiré en Inglaterra, fallándolo. No parecía malo. Luego cacé dos pequeños. Ese mismo año, 1991, fallé otro buen corzo en Burbia, en los Ancares Leoneses. Durante tres años estuve de socio en Arroyos, en Los Yébenes. Allí fallé otro par de corzos, bien es verdad que no eran grandes, porque al mayor que vi, ese sí bueno, no pude dispararle. En los Ancares fallé otro corzo en 1997, aunque, en honor a la verdad, estaba demasiado lejos. 
     En Segovia he fallado otro par de corzos, por los imponderables de la caza. El primero por tener puesto el seguro y no quitarle. Al dar el cerrojazo, el corzo salió de estampida y le largué una bala que no tuvo otra consecuencia que retumbar por aquellos barrancos. Tres años después, en 1998, fallé otro corzo, este si, bueno, sin saber el porqué, pues estaba tranquilo, cruzado y muy cerca. Días después, al limpiar el rifle, pude ver que se había roto la fijación del visor, aunque no se había desprendido ni se notaba, pero se movía al disparo.
     Después he fallado corzos en El Emperador, Vallesú y Guadapero, cuando iniciamos nuestra etapa salmantina, que ya relataré y finalmente en Soria, como he contado. Es posible que me haya dejado alguno que ahora no recuerdo, pero, en cualquier caso, los que he relatado suponen el treinta por ciento de los corzos a los que he disparado, que no es poco, cuando casi siempre estamos disparando a parado, aunque, a veces, demasiado lejos.
     Espero poder seguir fallando corzos muchos años todavía.